Aveces, cuando el papa o los obispos en su misión evangelizadora han de dirigir un mensaje, algunos esperan condenas o elogios para gobiernos, partidos o tendencias políticas, deseando que la Iglesia tome partido según los intereses de cada cual.
La Iglesia somos todos los católicos; está formada por todos sus miembros: el papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los laicos; cada uno con funciones distintas. La Iglesia no es indiferente a los temas políticos, pero es a los laicos a quienes está encomendada la tarea de participar en la política partidista. Benedicto XVI citando la doctrina social de la Iglesia ha recordado varias veces que el deber inmediato de trabajar por la justicia, o sea el quehacer político, es “propio de los fieles laicos». Es decir, de los que se mueven en la sociedad civil, o como se dice, en el mundo: los profesionales, los empresarios, los obreros, los campesinos, los padres de familia, etc. No es función de los clérigos.
Dice el papa en su encíclica Deus caritas est que la función de los pastores de la Iglesia en los asuntos políticos consiste en orientar con «argumentación racional” las actividades humanas hacia la verdad y el amor cuando la justicia se vea amenazada por el error y la mentira o se difunda la violencia o el odio. Los pastores forman y orientan a los fieles laicos para que estos transmitan a la sociedad los ideales de una vida coherente con el evangelio. Aunque cuando están en juego los valores fundamentales de la ética pueden y deben tratar públicamente esos aspectos específicos, dirigiéndose también a todos los hombres de buena voluntad.
Pero son los laicos quienes tienen el deber inmediato de actuar a favor de un orden ético y consecuentemente justo en la sociedad, y dice el Concilio Vaticano II que lo hacen desde dentro de la misma sociedad civil, de la cultura y de la política. Benedicto XVI señala con fuerza que los laicos católicos “como ciudadanos del Estado están llamados a participar en primera persona en la vida pública”.
El papa, los obispos y los sacerdotes son ministros consagrados para servir a los fieles laicos mediante la enseñanza de la fe, la administración de los sacramentos y la guía de la comunidad cristiana. Los pastores no deben dedicarse a la política de los partidos, pero sí a orientar según el evangelio a los laicos para que intervengan en las cuestiones éticas y políticas, a todos los niveles.
Dicho brevemente, la Iglesia entera, toda ella, se preocupa por la justicia y por consiguiente por la política. Lo que es diverso es el “modo” complementario en que cada uno de sus miembros lo hace, según su propia condición en la Iglesia y en el mundo. Por eso, más que elogios y condenas, escuchamos del papa y de los obispos mensajes que orientan, que exhortan y que promueven el bien común, iluminando a todos con un lenguaje de amor y de paz que es el lenguaje del evangelio, o sea el lenguaje de Jesucristo. El autor es abogado y periodista
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