Alberto Arredondo
En Nicaragua, los organismos de la sociedad civil tienen una gran brecha, frente a sus debilidades en la defensa de sus intereses.
Su falta de organización colectiva, ha perdido la línea de representatividad y defensa de los intereses del tercer sector, esto a causa de la polarización política, dividiéndonos por ideologías y partidos políticos.
Esto es algo muy contradictorio, para ser un activista de la sociedad civil, ya que nuestra línea es trabajar por defensa y desarrollo sostenible de la Nación, y no por los intereses de minorías.
Las organizaciones de la sociedad civil deben de jugar un papel neutral, frente a los partidos políticos, pero en estas últimas décadas las mayorías de los activistas y líderes de organizaciones se han desalineado por intereses individuales y optaron por trabajar debajo de la línea de caudillos dirigentes, de los partidos políticos, olvidándose de los intereses colectivos que representan desde el tercer sector.
Más del 67 por ciento de la población nicaragüense participa en organizaciones civiles, ya sea en asociaciones o el algún grupo cívico.
Esto nos convierte en una sociedad con participación activa, pero dispersa por nuestros diferentes fines sociales.
En el territorio nacional, se están abriendo paso nuevas expresiones organizativas de la ciudadanía, que nacen de la desintegración de antiguos organismos de la sociedad civil, y que fueron en algún tiempo un referente nacional, pero que hoy son bases de los partidos políticos y han perdido credibilidad en toda la Nación.
Hoy en día, nacen nuevos movimientos sociales, debido a la demanda de incidir por un cambio social y económico en todo el territorio nacional.
El relevo generacional es un punto de partida para estas nuevas expresiones de la sociedad civil, ya que los activistas, voluntarios y líderes, buscan organizarse nuevamente, ya que en sus antiguas organizaciones no se les brindaba el espacio que se merecían, debido a que sus antiguos líderes se perpetúan, en la dirigencia de estos movimientos, y no existen cambios estructurales democráticos.
En el último mapeo de organizaciones de la sociedad civil, se reportaron mas 546 organizaciones activas, trabajando en diferentes temáticas sociales, políticas y económicas.
El principal reto, de las organizaciones de la sociedad civil, es la concertación de una agenda de Nación, con planes socio-económicos a corto y largo plazo, para el desarrollo de Nicaragua, donde todos los nicaragüenses aporten, y crean en una idea de integración, que será para el beneficio de los nicaragüenses, fomentando una actitud patriota para la construcción de una nueva nación.
Nuestro principal desafío es romper esos vínculos partidarios, ya que los partidos políticos, nos parten a las organizaciones de la sociedad civil, y que no generamos los resultados que deberíamos generar por la desintegración y la falta de lineamiento fiel al tercer sector.
De respuesta al retiro de la cooperación externa, la sociedad civil debe crear alianza estratégicas con la empresa privada.
El desafío es que la empresa privada responda a los intereses de las mayorías, y no de cara al ejecutivo, y así el reto sería crear un clima de estabilidad en la Nación, gozando de un trabajo en conjunto entre segundo y tercer sector.
También, se debe incidir por una política pública en materia de Responsabilidad Social Empresarial, que ligue a la empresa privada a colaborar en conjunto con los organismos de la sociedad civil.
El autor es secretario general de Asociación Nicaragüense de la Sociedad Civil. Integrante del grupo de jóvenes lideres del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
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