Por Juan Carlos Ampié
Los Juegos del hambre se ha estrenado en Nicaragua sin mucha fanfarria. Curioso tratamiento para “el nuevo Crepúsculo”. Estamos ante la nueva franquicia fílmica basada en una serie de novelas destinadas a lo que en términos de mercadeo se conoce como “jóvenes adultos”. En 4 años, la trilogía de Suzanne Collins se ha traducido a 26 idiomas. Solo en EE. UU., ha vendido mas de 2.9 millones de libros, y más de un millón de descargas electrónicas en Amazon.com. El estudio Lionsgate compró los derechos apenas se publicó el primer tomo. El proceso de producción de la película fue seguido por los fans con atención reservada para asuntos de seguridad nacional, desde el casting de los protagonistas, hasta su estreno el pasado 22 de marzo.
Si quiere mantenerse en la conversación cultural, por así decirlo, tendrá que ponerse al día con Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence). En esta pesadilla futurista, Norteamérica se ha convertido en un estado totalitario donde una clase pudiente subyuga a las grandes mayorías, en represalia por una rebelión pasada. El evento se conmemora con un brutal reality-show: dos niños de entre 12 y 16 años, procedentes de cada uno de los 12 distritos del país, son elegidos por sorteo para participar en una competencia a muerte. Se les encierra en una “arena” plagada de cámaras, y durante dos semanas, deben cazarse entre ellos mientras el mundo observa. Solo uno puede salir vivo. Katniss se ofrece como voluntaria cuando su pequeña hermana es elegida.
La ficción para jóvenes adultos se ha convertido en la gallina de los huevos de oro de Hollywood. Las adaptaciones de literatura juvenil siempre han estado presentes en el cine, pero nunca con este nivel de poder sobre los departamentos de contabilidad. Échele la culpa a Harry Potter. El hechicero creado por la británica J.K. Rowling tradujo su fenómeno de ventas en librería a la taquilla. Y la cantidad de volúmenes en la serie garantizó un flujo de ingresos seguro durante una década. El fenómeno de Potter inspiró las adaptaciones de los libros de Narnia de C.S. Lewis; así como a los vampiros enamorados de Crepúsculo , producto de la pluma de Stephenie Meyer.
Pero la fórmula no es infalible. A lo largo del camino han quedado abortadas series y trilogías incipientes. Eragon , basada en los libros de Christopher Paolini, se fue en humo al pretender capturar al público de El Señor de los Anillos . The Golden Compass , de los libros de Phillip Pullman, con su marcado ateísmo, chocó con el carácter conservador del negocio. Lemony Snickett’s a Series of Unfortunate Events , basada en los libros de Daniel Handler, conquistó mas de 100 millones en la taquilla. Pero eso no fue lo suficiente como para justificar siquiera una secuela. John Carter es la última víctima. A un costo de US$$250 millones y con menos de US$$200 recaudados en taquilla internacional, es un costoso fracaso para los estudios Dinsey. Hasta aquí llegan las adaptaciones sobre Edgar Rice Burroughs.
Apoyarse en un éxito literario puede dar algo de seguridad, pero en realidad, nada está escrito a la hora de predecir que funcionará en la cartelera de cine. Solo hay algo seguro. Tendremos Juegos del Hambre para rato. Las ventas anticipadas de boletos apuntan a que coronará la taquilla este fin de semana, a tal grado que Lionsgate anunció ya la producción de la segunda parte, programada a estrenarse en noviembre del 2013. Katniss Everdeen. Acuérdese de ese nombre. No tiene opción.
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