Cuando se escucha decir “China”, suelen resonar en nuestras mentes conceptos de: desarrollo, mercado, idioma y economía. Pero raras veces nos acordamos de palabras sobre: sociedad, historia, libertad de expresión y política. Es por eso, que me dedicaré en este artículo a hablar estrictamente sobre estos dominios, ya que han jugado un papel fundamental en la edificación de la China que conocemos hoy en día.
Hablando sobre su historia, y si nos ponemos a analizar la Constitución Política de China de 1982, lo primero que debería de llamar nuestra atención se encuentra en el Artículo 1 de dicho documento: “La República Popular China es un Estado socialista de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina”.
Pareciera una clase de oxímoron el hecho que un estado sea dictadura y al mismo tiempo haya democracia; China, no obstante, amalgama estos conceptos. Y es el hecho de que esta unión de palabras antagónicas “dictadura democrática”, es una retórica a las ideologías marxistas-leninistas que Mao Zedong promulgaba en la China Comunista de los años cuarenta. Se entiende que China es una dictadura ya que solo hay un partido absoluto, irrevocable y sin oposición, el Partido Comunista de China; al mismo tiempo, es una democracia ya que el mismo partido es una encarnación de los intereses y las necesidades del pueblo chino. En ese sentido, a pesar que solo hay un partido dictando el curso político, social y económico del país, las decisiones y acciones que toman los dirigentes más altos del partido (el Politburó) reflejan una gama más amplia y colectiva, indicios de una democracia.
El Artículo 3 de la Constitución, de igual manera, nos brinda destellos de principios democráticos: “El centralismo democrático se practica en los organismos del Estado de la República Popular China”. El concepto de “centralismo democrático” hace alusión de que todos los procesos, debates, y decisiones llevados a cabo por el partido y el gobierno mismo, son discutidos con respeto, en donde los resultados son colectivos y democráticamente aceptados. No existen fracciones de ninguna índole. No existe sobreposición de dirigentes.
No obstante, no nos dejemos engañar por el juego de palabras que se leen en la Constitución de China. Estas fueron escritas dentro de un marco teórico marxista-leninista, lo cual puede prestarse a confusiones. Pero si analizamos a profundidad y de manera objetiva, imparcial y racional, nos damos cuenta que China está lejos de ser una democracia verdadera. Un país en donde la libertad de expresión es suprimida; donde los bloggers y cibernautas son vistos con ojo crítico; donde la prensa es censurada; y en donde no existe un partido opositor firme, es un país en donde la democracia es cuestionable.
Habiendo dicho esto, las preguntas vienen a flote: ¿Por cuanto tiempo más estará dispuesto el pueblo chino a tolerar estas injusticias? ¿Será que con el presente declive de la economía China, el pueblo se rebele al partido demandando mas justicia y mayor bienestar? ¿Será que el Partido permita tales sublevaciones? Solo el transcurso de la historia responderá estas preguntas mandatarias. El autor es licenciado en Ciencias Políticas
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