Desde hace un par de meses algunos del PLI han estado buscando insistentemente una negociación con el comandante Daniel Ortega, dizque por el bien de Nicaragua. Ahora que Eduardo Montealegre ha regresado al país, después de un tratamiento médico en el exterior, hay posibilidades que se esté acercando el eventual diálogo. Todo dependerá de si —y cuando— el comandante dé la luz verde.
En anticipo a un eventual sí del comandante, el PLI ha solicitado, y ha recibido, fuego de apoyo de diferentes grupos de la sociedad nicaragüense para un nuevo pacto. Y uso esa palabra intencionalmente porque aunque voceros del PLI han recurrido a un sinnúmero de eufemismos para lo que está en juego —como acuerdos, una nueva arquitectura, una visión de nación consensuada, etc.— en el fondo se trata de lo que en Nicaragua siempre se ha llamado un pacto.
Hago una aclaración. En nuestra historia hemos tenido pactos buenos. Ejemplos de estos fueron el “pacto providencial” entre Máximo Jerez y Tomás Martínez en 1856 y el protocolo de transición a comienzos del gobierno de doña Violeta.
Ahora bien, ¿qué puede hacer el PLI para que el pacto que busca sea visto como bueno?
Primero, debe de consensuar internamente lo que anda buscando. Esto claramente todavía no existe juzgando por la cacofonía de voces que emanen sobre este tema por parte de diferentes figuras de la Alianza.
Segundo, los resultados que el PLI desea obtener deben de encajar con el sabio consejo reciente de monseñor Leopoldo Brenes: toda negociación debe de tener como objetivo el bien común y el desarrollo del país.
Tercero, las negociaciones deben de ser transparentes en todas sus etapas. Esto significa que el PLI debe de compartir con la población desde antes de sentarse a negociar lo que exigirá y debe de retroalimentar continuamente al público cómo progresan estas pláticas. El misterio está bien en la religión, pero no en la política nicaragüense, sobre todo en el estado delicado que está viviendo nuestra democracia representativa.
Y cuarto, lo que el PLI impulsa no puede ser una agenda minimalista solo por la enorme asimetría de poder que existe entre Daniel Ortega y la oposición, al contrario. En vista de lo mucho que ha retrocedido nuestra democracia desde 2007, no bastarán pasos de niños o leves transformaciones.
¿Qué tipos de reformas le recomendaría pedir al equipo negociador del PLI?
Basado en el propio programa de gobierno de Fabio Gadea, en los informes de Funides y en la agenda Cosep 2012 enumero abajo algunos temas prioritarios.
Primero, subir el umbral para la elección de futuros presidentes al 50 por ciento del voto más uno, y establecer una segunda vuelta si nadie alcanza este piso.
Segundo, la sustitución de magistrados del CSE y de la Corte Suprema, cuyos periodos están vencidos por personas profesionalmente capaces, independientes e íntegras. Así se crearían condiciones para elecciones municipales creíbles y se abordaría una de las debilidades más notorias de nuestro marco institucional: la inseguridad jurídica.
Tercero, insistir en límites constitucionales al ejercicio del poder político por una persona o una familia. Ojo, esto no significa que se dejaría intacto el artículo 147 de nuestra Constitución, que establece un doble candado al ejercicio de la presidencia. Pero si quiere decir que una vez aprobada una eventual reforma a este artículo, no podrá ser modificado por sentencias amañadas de la Corte Suprema.
Y, cuarto, transparentar la “ayuda” venezolana. Toda esta ayuda debería de incluirse en el Presupuesto de la República y debe de tener un enfoque de desarrollo y no político.
Algunos dirán que estos puntos, y otras acciones, suenan como una carta al Niño Jesús y que el comandante Ortega jamás las aceptará. Puede ser. Pero si es así, es mejor que su postura se ponga en evidencia y que sepamos de una vez por todas en qué campo y con qué reglas estamos jugando. Ya eso sería un adelanto. Y es mucho mejor que andar mendigando migajas o negociando cargos, que es lo que muchos creen que es el verdadero objetivo de al menos algunos del PLI. El autor fue Canciller de la República y es periodista
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A