Los dirigentes del único partido de oposición parlamentaria que hay en el país, cual es la Alianza PLI, aseguran que al pedir un diálogo con Daniel Ortega no van detrás de ninguna cuota de cargos en el Estado.
Lo que “queremos (es) que se recupere y garantice el respeto a la gobernabilidad, el Estado de Derecho, volver a tener una democracia y acabar con tanta confiscación”, expresó don Fabio Gadea Mantilla, excandidato presidencial de la oposición en las elecciones fraudulentas del año pasado, quien agregó: “La garantía de que este diálogo no se convertirá en un pacto es la dignidad y los principios que hemos demostrado. Nosotros no vamos a ir a repartirnos cargos”.
Por su parte, el coordinador de la Alianza PLI, diputado Eduardo Montealegre, aseguró que no se sentarán con Daniel Ortega para buscar “una repartidera”, sino para “presentar propuestas y lograr un acuerdo que refleje el sentir nacional. El rumbo de la nación no es el correcto y eso (es lo que) se tiene que dialogar”.
No tenemos ninguna razón para poner en duda que los dirigentes del PLI están animados por la buena fe y tienen una sana intención. Pero debemos recordar que prácticamente lo mismo que ellos dicen ahora, lo dijo en 1950 el general Emiliano Chamorro, otrora caudillo del Partido Conservador y líder de la oposición, antes de dialogar con el general Anastasio Somoza García y de suscribir el “pacto de los generales”. Eso fue lo que dijo también, en 1971, el doctor Fernando Agüero, entonces líder conservador y de la oposición, cuando dialogó con el general Anastasio Somoza Debayle y luego firmó el “pacto kupia kumi”. Y del mismo modo el doctor Arnoldo Alemán justificó el pacto de 1999 con Daniel Ortega.
Es que los compromisos públicos de los políticos son siempre los mismos. Por eso se dice con razón que siempre hay que juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen de sí mismos y lo que prometen. De modo que habrá que esperar lo que resulte de este diálogo —si es que realmente lo habrá, porque es la oposición la que lo está pidiendo mientras Ortega guarda sospechoso silencio—, para poder juzgar lo que acuerde o pacte la Alianza PLI.
En todo caso es muy importante tener en cuenta que en ese diálogo con Daniel Ortega que pide la oposición, se nombraría a las más o menos tres decenas de magistrados y otros altos cargos en el Estado que tienen sus períodos vencidos. O sea que el demonio de la cultura política tradicional, que es la tentación de “la repartidera” de cargos públicos, está al acecho de la oposición y sin duda que Ortega tratará de hacerla caer en la trampa de ese tipo de pacto, en el caso de que aceptara la petición de diálogo.
Por eso la Alianza PLI debería comprometerse a que, además de no negociar nada por debajo de la mesa, tampoco propondrá a nadie de sus filas para ocupar los codiciados cargos estatales que deben ser nombrados.
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