Agencias/Vida
Te imaginas viajar a Tokio del 2080, en donde los robots están tomando el control de la Tierra, tú diriges un escuadrón que debe impedirlo.
Toshihiro Nagoshi, el máximo responsable de los Yakuza Studios de SEGA, nos presenta su visión del shooter de corte más occidental: Binary Domain .
El videojuego sitúa al jugador en medio de una intensa y rápida batalla para salvar a la humanidad, en un Tokio infestado de robots denominados Hijos del Éter, que sueñan no con ovejas eléctricas, sino de carne y huesos.
EL PROTAGONISTA
Usted será el sargento Dan Marshall, perteneciente al escuadrón Óxido, que trata de infiltrarse en los edificios de una importante corporación que se dedica a la fabricación en serie de los mencionados humanoides, que están introduciéndose entre la sociedad.
Posiblemente el guión del videojuego tarde en desarrollarse para algunos, no obstante, tiene cierta profundidad y algunos toques son francamente sorprendentes, algo que es especialmente llamativo en un género tan rutinario como el shooter.
Como es tradicional en el género, podrás asomarte para disparar, abrir fuego a ciegas sin exponerte o desplazarte. Hay algunas notables ausencias, como el hecho de que no podrás doblar una esquina sin renunciar a estar cubierto, pero en líneas generales todos los movimientos clásicos de este tipo de videojuegos están presentes.
Tal vez su mayor influencia es de Gears of War o Uncharted , ya que podrás disponer de espacio para cuatro armas, siendo uno de ellos para las granadas, y un sistema dinámico de coberturas.
Sin duda, Binary Domain se desmarca completamente de otros títulos con amenazas robóticas, y nos plantea una violentísima acción que parece impropia de unos enemigos sintéticos como los que debemos abatir.
Uno de los principales atractivos de Binary Domain es su innovador sistema llamado causa-efecto, que nos obligará a reaccionar de forma inteligente en el campo de batalla. Este sistema hará que tus decisiones y cualidades como estratega tengan repercusión en la personalidad de los miembros del equipo, que decidirán si merece la pena seguir nuestras órdenes o si es mejor para ellos ignorarlas.
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