Desde hace un tiempo considerable —de años incluso— se han venido promoviendo las necesidades de involucrar a toda la sociedad nicaragüense para llegar a consensos en importantes temas como la economía doméstica y la educación. Una de las reflexiones más importantes que se deben hacer al respecto es que si en asuntos de crecimiento económico se ha logrado un amplio consenso y un verdadero diálogo entre las instancias gubernamentales como del sector privado, ¿qué impide ese amplio consenso en la educación?, ¿faltan propuestas?
Los que estamos convencidos de los monumentales desafíos para alcanzar el acceso, equidad y calidad en la educación y sus diferentes subsistemas nos hemos dado a la tarea desde los diversos espacios de reflexión, foros y debates de priorizar cuales son las profundas —y más urgentes— necesidades y rezagos existentes en la actualidad para identificar soluciones y elaborar propuestas concretas con el propósito de contribuir a una verdadera transformación del sistema educativo para disminuir —entre otras cosas— las brechas tecnológicas y científicas que separan a Nicaragua del resto del mundo.
Si están las propuestas y el genuino interés de organismos de sociedad civil de poner a disposición sus conocimientos y lecciones aprendidas en la construcción de un sistema educativo más eficiente, ¿qué nos limita?, ¿es preciso un interlocutor que goce de la aprobación de los órganos de gobierno?, ¿quién es ese interlocutor?
Es por ello y oportuno indicar dónde se encuentra nuestro interlocutor partiendo de algunos acontecimientos importantes ocurridos recientemente. Hace un par de semanas en el encuentro promovido por Funides, Cosep e Incae sobre el reto compartido de construir una visión de nación donde se contó con las exposiciones de líderes del sector privado, la Academia y Gobierno, siendo este último representado por el señor Álvaro Baltodano, director de Pro Nicaragua, quien relató sobre las avances que en materia económica ha tenido el país y cómo la articulación con el sector privado lo ha hecho posible, y cito: “El gobierno de Nicaragua y el sector privado se reúnen periódicamente para discutir temas económicos claves y establecer un plan de trabajo conjunto para impulsar el desarrollo económico del país, generar nuevos empleos dignos y reducir la pobreza”. Con esta frase se aprecian los importantes progresos que ha reportado al país la permanencia de esta alianza y el reto de que siempre sea un diálogo abierto con los empresarios.
Un reconocimiento que, si bien limita a otros sectores, se puede apreciar como una oportunidad del reto que tiene el sector privado en asumir un rol de liderazgo, para demandar una educación de calidad y que el ansiado progreso económico en el país sea sostenido y equitativo.
Para finalizar y reafirmar la importancia de impulsar el consenso es preciso rescatar unas breves pero significativas palabras que funcionarios de gobierno y del Ministerio de Educación anunciaron durante la firma del convenio de cooperación entre el Banco Mundial y el Mined por el monto de 25 millones de dólares en enero de este año y es que: la educación es una responsabilidad compartida. La autora es Directora Ejecutiva Foro Educativo Nicaragüense Eduquemos
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