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Obra de teatro
Primer acto. Viene un dinero como donación al país. Segundo acto. La compañía eléctrica incrementa el valor de la energía que vende y se decide usar el dinero que vino como donación para cubrir ese incremento. “Subsidio”, le llaman. Tercer acto. El Estado decide que pagará con nuestro dinero el llamado “subsidio” a una empresa privada. Antes que le pongamos nombre a la obra, tengo que recordarles que tanto los negocios petroleros, que generan la energía encarecida, como la empresa que cobra como suyo el dinero que vino como donación son de la misma Familia, que a su vez está administrando el Estado, o sea el dinero de todos nosotros, de donde saldrá la plata para pagar el “subsidio”. Ahora sí… ¿Cómo se llama la obra?
Viveza
Voy a tratar de graficarlo en pequeño, tal como me lo imagino. Doña Pancha es la tesorera de la comunidad y dueña de las vacas que abastecen de leche al caserío. Su hijo, Polo, se dedica a hacer préstamos. Una ONG dona un dinero a la comunidad para obras sociales, y ella como tesorera da ese dinero para que lo maneje su hijo Polo. Un mal día, decide que la leche va a subir de precio, pero que su hijo Polo, buena gente que es, va a prestar el dinero para cubrir ese incremento (ya no menciona que el dinero era donación) y que ese dinero se lo pagarán al buen Polo con la recolecta de dinero que ha hecho la comunidad y que ella maneja. De tal forma que se quedó con el dinero de la donación, con el dinero que la comunidad recogió por su cuenta, está ganando mucho más con su monopolio de la leche y todavía la comunidad tiene que agradecer que la protegió del incremento. ¡Salió viva doña Pancha!
Exploración
Ojo con los conflictos de propiedad que han estallado últimamente. No creo que sean casualidades o libretazos como algunos quieren creer. Son peculiares, distintos a los tradicionales conflictos que se venían dando con este relajo de la propiedad. Con el poder institucional concentrado en su mano, Daniel Ortega aparentemente explora los costos que le tocaría pagar si le cae a la propiedad, uno de los temas más espinosos aun para regímenes autoritarios. Quiere ser él quien tenga la capacidad de decidir el quién es dueño de qué. Peligroso.
Al asalto
Ni siquiera se trata de decir quién es el dueño y quién es el invasor en una propiedad, sino de exigir que nos comportemos como una sociedad civilizada, si es que lo somos, donde deberían existir los procedimientos para que se presenten las pruebas y un juez decida en base a ellas “el tuyo y el mío”. Mal hace la Procuraduría actuando al asalto, como un “tomatierra” cualquiera, cuando debería ser la más obligada a seguir los procedimientos que da el derecho para no atizar la violencia y el relajo, que ya de por sí son bastante grandes.
Pastora
Pero aun cuando fuesen legalmente del Estado esas tierras, aun cuando se llegase a demostrar en tribunales eso, la Procuraduría o el gobierno del señor Ortega debería explicar por qué le está entregando tierras a Edén Pastora, un funcionario suyo. ¿Qué es lo que cobra con esa “donación” Pastora? ¿Los años que anduvo en la montaña o los favores que ha hecho en el Gobierno? Si son sus años de guerrillero, ¿por qué a él sí y por qué a otros miles no? Y acaso no era Sandino, el que decía que no exigía “ni siquiera un palmo de tierra para su sepultura?” Cómo se ha desdibujado la figura de Pastora.
Rebelión en la granja
Si se han fijado, en los últimos meses ha estado ocurriendo un fenómeno: las bases disciplinadas con que contaba el orteguismo están dejando de serlo y le han perdido el respeto a la Familia que se erige como palabra de Dios. Estallaron por toda Nicaragua rebeliones contra el dedazo y ahora hay tranques de veteranos de guerra reclamando un trato similar al que se le está dando a Pastora. Se está poniendo en duda la sabiduría que emana de Ortega y Murillo para escoger a los alcaldes correctos, y no se está justipreciando el valor estratégico de darle una costosa playa a Pastora. “Ya no se hacen masas como antes”, se lamentarán allá en El Carmen.