El camino a la democracia o de la democratización es largo y pedregoso. Se requieren múltiples factores y condiciones para que un país logre el estatus de demos kratos y, entre tantas variantes, una de las más esenciales es la prosperidad económica. Tales son los casos de naciones emergentes como Corea del Sur y Chile, que en las últimas décadas han sobrepasado las expectativas en términos de producción, intercambio comercial e inversión; y hoy en día, se enorgullecen de poseer un sistema político democrático. No obstante, ¿cuál es la logística que se sigue al aclamar que democratización es secretada del crecimiento económico?
Académicos prominentes en el campo de sociología política y política económica, a como lo son Seymour Martin Lipset y Adam Pwrezorski, se han dedicado a estudiar este fenómeno sociopolítico y han propuesto teorías que pretenden explicarlo. Entre sus ideas centrales se encuentra la de que el crecimiento económico infaliblemente conlleva a un cambio de carácter cultural e implícitamente social. Los estándares de vida suben, la ignorancia se erradica y hay más personas educadas con capacidad de proteger sus derechos civiles y libertades civiles. Esto quiere decir que la sociedad es más capaz de juzgar por sí misma y de tener criterio propio, los cuales son elementos fundamentales para fomentar toda democracia. Igualmente, el crecimiento económico genera un sentido de propiedad privada superior, de manera que la gente se vuelve más consciente de lo que posee y por ende, protegen con más vigor lo que se ganan meritoriamente con sudor y sangre.
En otro escenario, una sociedad con bajos recursos económicos es una población clave para los dictadores y demagogos. La premisa está en que las personas humildes son vulnerables a las desvirtuaciones y manipulaciones de dictadores, y a través de “incentivos” pretenden ganarse al pueblo a cambio de la transmisión de poder político. Es por eso que vemos gente pobre renunciando ciegamente a sus derechos.
Hago hincapié en que, a pesar de ser una teoría muy convincente, no es absoluta. Por ejemplo, la dictadura Somoza se perpetuó por más de 40 años independientemente que hubo crecimiento económico exponencial durante este período. Una de las razones fue el hecho que la clase media y clase media alta —primordiales en todo proceso democrático— estaban económica e intrínsecamente enraizadas en los estratos más altos e inclusive en los mismos círculos del propio déspota, lo cual contribuyó a que la dictadura se prolongara.
Sin embargo, no se puede hablar de crecimiento económico sostenible si antes no se habla de educación. Hoy en día, el gasto público del país canalizado hacia este sector es relativamente muy bajo. Se necesitaría invertir más en la educación para así generar más y mejores profesionales, técnicos, ingenieros y médicos necesarios para impulsar el país. Dándose este surgimiento en los niveles educativos a lo largo del país se podría crear en paralelo al crecimiento económico, una clase media sólida y sobre todo educada e independiente. Y entre más gente en este estrato, más consolidada será la democracia que tanto se necesita en nuestra Nicaragua. El autor es graduado en ciencias políticas y relaciones internacionales.
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