Ana María trabajó en Harry Potter y La piedra filosofal.

Hollywood con sabor a Nicaragua

El oficio de Ana María Alvarado es hacer magia. No con una varita, sino con programas de computadora; no en el escenario de un teatro, sino en Hollywood. Allá la nicaragüense se gana y se consume la vida dando alma a personajes y objetos que aparecen en películas. Algunas tan famosas como Harry Potter y la piedra filosofal , Spiderman 2 , Stuart little 2 , El expreso polar , Alicia en el país de las maravillas , Linterna verde y Hugo , una joya que este año está nominada a 11 premios de la Academia.

Amalia del Cid

El oficio de Ana María Alvarado es hacer magia. No con una varita, sino con programas de computadora; no en el escenario de un teatro, sino en Hollywood. Allá la nicaragüense se gana y se consume la vida dando alma a personajes y objetos que aparecen en películas. Algunas tan famosas como Harry Potter y la piedra filosofal , Spiderman 2 , Stuart little 2 , El expreso polar , Alicia en el país de las maravillas , Linterna verde y Hugo , una joya que este año está nominada a 11 premios de la Academia.

Ningún Oscar será para Ana María. Su trabajo es de bajo perfil y está muy lejos de las alfombras rojas. A ella se le localiza en un cubículo de luz amarillenta, nada glamoroso, sentada ante dos computadoras y manipulando programas para regalarle vida a lo imposible. Así logró que la pajarita Margalo, amiga del ratón Stuart, se moviera y hablara.

Uno de sus más recientes trabajos es la parte de Hugo en la que una caja repleta de viejos dibujos cae al piso, se abre y cientos de papeles empiezan a girar. Se retuercen, flotan, planean, se deslizan uno sobre otro y crean imágenes con movimiento. Aunque dura menos de un minuto, es una escena muy importante. Lo sabe Ana María que trabajó cinco meses a fin de dejarla lista para el público.

A pesar del enorme esfuerzo que pone en sus asignaciones, su nombre solo aparece en los créditos de las películas en letras diminutas y musicalizadas. “Y sale de viaje al final, cuando ya todo el mundo se fue del cine”, bromea la animadora.

Sin embargo, en el público hay dos personajes leales. Sus más grandes admiradores, don Ernesto Alvarado y doña María Teresa Reichard, sí se quedan hasta el último momento y hasta se quejan si alguien se atreve a cortar los créditos antes de que aparezca el

nombre de la hija que vieron nacer hace 41 años.

Ana María trabajó en Harry Potter y La piedra filosofal.
SUS INICIOS

Ana María Alvarado Reichard vino al mundo en Managua, un día de 1970. Es la segunda de los tres hijos de un nicaragüense y una croata norteamericana, ambos profesores. Él de periodismo, ella de idiomas. Él alto y flaco; ella pequeña y nívea. En ese hogar creció la niña, que desde temprano se inclinó hacia el arte y dibujaba flores para sus compañeras de clase. Incluso ganó un premio por un cuadro que pintó cuando cursaba la secundaria en el colegio Centroamérica. Es una escena campesina, primitivista, que todavía adorna la chimenea de sus padres.

La artista terminó el bachillerato en Europa, pues su familia se mudó después de que a su padre le encargaran la Embajada de Nicaragua en Suecia. Luego consiguió una beca para estudiar cine en Checoslovaquia y después ingresó a Tish School of Arts (Escuela de Artes) de la Universidad de Nueva York. Se graduó en 1994; no obstante, fue hasta en 1997 que se le presentó la oportunidad de trabajar en animaciones. No la desperdició. Entró a la compañía Metro Lite para hacer comerciales y, a veces, películas. Ya en el 2000 se le abrió una puerta en Sony. —¿Su primer filme de importancia?

Kull, el conquistador. Es una película horrible, que no le recomendaría a nadie (ríe).

—¿Después?

La segunda parte de Dragonheart , que tampoco era muy buena. Luego, E l hombre sin sombra . Después fue mejorando la calidad de las películas en las que trabajaba. También yo fui mejorando. Una de las cosas que más me gustan de animar, es aprender.

Hace poco trabajó en una serie de televisión acerca de dinosaurios y ahora sabe tanto de diplodocus como de tiranosaurios y terodáctilos. “Fue muy divertido ir a los museos y ver los huesos”, recuerda.

También debió ser alegre hacer volar a Harry Potter en su escoba; mover al terrible Jabberwocky que casi se come a Alicia en su país de maravillas o entrar al entelarañado mundo de Spiderman. Ni tanto. Para Ana María esas escenas épicas son un trabajo que le exige pasar hasta 12 horas cocinándose los ojos ante una computadora y le resta tiempo para estar con su familia.

Ana María trabajó en Harry Potter y La piedra filosofal.
EL HOGAR

Está casada con un productor de cine, el ruso Evan Astrowsky. Tiene dos hijos, un niño de 8 años y una pequeña de 4. “Lo peor que me pasa a mí es que el día solo tiene 24 horas. Hago lo posible por regresar a casa antes de que se duerman mis hijos. A veces no se puede, pero sé que ellos entenderán”, comenta.

Aunque es ciudadana del mundo y proviene de una amalgama de siete nacionalidades, la artista extraña Nicaragua. En la tranquilidad de su casa, ubicada en Los Ángeles, California, añora las tempestades nicaragüenses, las lluvias de gota gruesa que se escapan de un cielo furioso y descosido.

Procura visitar su país natal al menos una vez al año, para reunirse con sus padres y comer nacatamales y pitahayas. Además, dice, quiere que sus hijos crezcan sintiéndose un poco nicaragüenses, cerca de personas amables y abiertas.

Mientras prepara su próxima venida, seguirá fabricando sueños en algún nuevo proyecto. Y este 26 de febrero verá la entrega de los premios Óscar desde la sala de su casa, quizá acompañada por algunos colegas. En la alfombra roja estará el célebre director italiano Martín Scorsese, que estuvo a cargo de Hugo. “Él nos transmitió mucho entusiasmo, es un director de gran habilidad y talento”, reconoce Ana María.

Brillarán, también, Jude Law y Christopher Lee. Ambos actuaron en el filme; pero la animadora nicaragüense no los conoció. “El trabajo que hacemos nosotros es después de que se filma la película. A veces tenemos la oportunidad, cuando algún actor o director de cine decide pasar por los estudios a mirar lo que estamos haciendo”, cuenta.

Con todo, Ana María se mantiene humilde. Cómo voy a presumir, explica, si tengo el privilegio de trabajar rodeada de tantas personas talentosas. Mira en el cine las películas en las que trabaja, como lo hace cualquier otro mortal. Además, confiesa, “apenas termino un proyecto ya estoy pensando en otro”.

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