El crecimiento del PIB es un espejismo

Carlos Pérez Fajardo 

Antes de hablar acerca del PIB de Nicaragua considero importante hacer algunas acotaciones acerca del mismo. El Producto Interno Bruto (PIB) o Producto Bruto Interno (PBI) es el valor total de la producción a valor corriente de bienes y servicios de un país.

El PIB es una magnitud de flujo debido a que contabiliza solamente bienes y servicios producidos en el período considerado (un año) y no contabiliza los bienes y servicios generados por el trabajo informal (trabajo doméstico, intercambio de servicios entre individuos, envío de remesas familiares, etc.), la contaminación y degradación de los recursos naturales, impacto y externalidades positivas o negativas ambientales, etc.).

El cálculo de PIB se puede hacer a través de los métodos del gasto, del ingreso y del valor agregado. Existen otros macroindicadores a partir del PIB como el Producto Interno Bruto Nominal (PIBN) que es el valor monetario de todos los bienes y servicios de un país a precios corrientes del período que los bienes y servicios fueron producidos. El PIB es el resultado de deflactar el PIBN o sea que es el resultado de extraer la inflación. 

Otro macroindicador es el PIB per cápita (también conocido como renta per cápita) que pretende medir la riqueza material disponible y erróneamente es usado de manera frecuente como un indicador del bienestar de una sociedad. El propio Simón Kuznets (creador de las cuentas nacionales) y otros especialistas posteriores han criticado el uso del PIB como sinónimo de bienestar social. Sin embargo se reconoce que existen correlaciones con lo social, especialmente en las economías pequeñas.

La economía nicaragüense es pequeña, abierta y muy complicada, aún cuando tuvo un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alrededor de un 5.0 por ciento en el 2011 (según información no oficial publicada el 12 de enero de 2012 en un diario local), sujeto a confirmación por el Banco Central de Nicaragua (BCN). El crecimiento del PIB es “una señal positiva, de fortaleza en el mercado interno” sin embargo no hay que olvidar que estamos en un entorno global muy complicado y existen muchos riesgos en el ámbito internacional que han tenido un fuerte impacto con sustanciales consecuencias sobre la actividad económica, aunado a las controversias políticas y sociales ocurridas en Nicaragua.

El crecimiento de PIB de aproximadamente un 5.0 por ciento se considera un indicador positivo, pero no hay que confiarse en tal sentido y pretender que la economía nacional está bien, si no se trabaja en atender los aspectos fundamentales de productividad y no se amplía la capacidad de producción para generar empleo en la dimensión o nivel que se requiere, esto seguirá siendo un espejismo. En la calle donde impera la realidad, hay muchísimas personas desempleadas, hay hambre, informalidad y mucha pobreza, lo cual se puede constatar muy fácilmente. Y la gran mayoría de las personas que tienen empleo o trabajo, su salario no le da para cubrir sus necesidades básicas (ver escrito acerca de los Salarios versus los Precios de Bienes y Servicios en Nicaragua) y el empleador paga cada vez menos al empleado o trabajador y al cliente le cobra más o le sube el precio del bien o servicio.

Por otra parte la inflación acumulada del año 2011 según el BCN fue de 7.95 por ciento sin embargo por la velocidad con que se movieron los precios durante el período es muy probable que este indicador sea mayor, como es el caso de la Canasta Básica que tuvo un incremento relativo de un 9.17 por ciento, sería muy interesante conocer la base de los precios con que se hicieron los cálculos del PIB, porque muchos de los precios que publican las entidades gubernamentales no corresponden a los precios que ofrecen los mercados capitalinos. Para el cálculo del PIB al deflactar con un valor menor al real de la inflación, este da un valor mayor, lo cual no es prudente y se presenta una visión que no es cierta y que tendrá repercusiones en el futuro.

El crecimiento que ha registrado la economía nicaragüense no refleja una generación de nuevas fuentes de trabajo, ni mejoras salariales según los datos de BCN, la tasa de desempleo se mantiene en niveles elevados debido a que existe un problema estructural en el mercado laboral debido a que este no es eficiente. Aunado a las rigideces que tenemos, las leyes o políticas públicas no ayudan a la generación de empleos. Una de las soluciones para disminuir el desempleo es aumentando la productividad y propiciar una mayor inversión fija. Sin estos dos elementos es difícil que la economía se expanda y genere el nivel de empleo que requiere en el país, lo que incluso mejoraría la distribución del ingreso, reiterando que para ello es necesario expenderse, crecer y crear nuevos empleos mejor remunerados.
El autor es MBA en Administración de Empresa y consultor en temas empresariales y económicos.
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