“Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”, dijo con aires de independencia, al final del siglo .XIX, Lola Rodríguez de Tió. Con el delirio que provoca el dogma comunista, el magnífico Pablo Milanés usó el verso para cantarle a una realidad travestida: “Puerto Rico ala que cayó al mar / que no pudo volar / yo te invito a mi vuelo y buscamos juntos el mismo cielo”.
Cuba no solamente no ha podido volar, sino que además se hundió en las lamosas profundidades de una dictadura marxista y el “cielo”, al que invita a volar el cantante, es en realidad un infierno político, si nos atenemos a la idea convencional de que el reino de Lucifer es un lugar espantoso.
Wilman Villar Mendoza es otro preso muerto en Cuba tras una huelga de hambre. Villar igual que Orlando Zapata, decidió luchar por la libertad usando su cuerpo como trinchera. La noticia, escapó de la isla entre los resquicios tecnológicos que el enorme bozal comunista no logra tapar. Así, sin corresponsales extranjeros, se exponen las entrañas más oscuras del régimen.
Si los exiliados se cuentan por millones, calumniados por la tiranía y sus cómplices con el infame nombre de gusanos ¿cuántos serán los perseguidos, tildados de delincuentes en la isla por pensar diferente? ¿Hay algo más opuesto a la libertad, que un solo jefe y un solo partido para todo un pueblo?, ¿no era esa acaso la premisa nazi?
Por más cemento que la inquebrantable sumisión dogmática arroje sobre el pedestal castrista, es imposible ocultar las osamentas que hay debajo. No hay utopía con exclusión y crueldad. Ningún embargo puede volver ricos solamente a los jefes del partido y paupérrimas a generaciones enteras. “La última etapa de la humanidad”, no puede estar definida por la pobreza de 11 millones de personas y cuatro jerarcas revolucionarios sentados en la cima de los privilegios.
La cobarde solidaridad internacional con los verdugos y no con las víctimas, quedó reiterada en la visita de Dilma Rousseff a La Habana. La presidente no quiso escuchar a la oposición. Las libertades civiles y el pluralismo político —valores democráticos que le permitieron a ella misma ganar la Presidencia de Brasil— no estaban en su agenda. Lejos quedó Rousseff de probar su “intransigencia” en la defensa de los Derechos Humanos o “preferir un millón de voces críticas antes que el silencio de las dictaduras”.
El drama de la disidencia cubana, luchando contra el poder totalitario del Estado en un ámbito moral, recuerda la huelga de hambre con la que los militantes del IRA retaron al gobierno británico en 1981. Diez miembros del grupo terrorista murieron antes que Inglaterra y su Dama de Hierro, accedieran a reconocerlos como presos políticos.
Fidel Castro alabó el heroísmo de los presos y condenó la barbarie del estado inglés. Para el decrépito tirano, una huelga de hambre era entonces: “El más emocionante gesto de sacrificio y valentía personal que pueda imaginarse”. Sus palabras fundidas en bronce, ”adornan” el parque Víctor Hugo en La Habana. Son como un bumerán que regresa en el tiempo para describir su propia infamia: “Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas. Al lado de este ejemplo, ¿qué fueron los tres días de Cristo en el Calvario? Es hora de poner fin mediante la denuncia y la presión de la comunidad mundial a esa repugnante atrocidad”. El autor es ecólogo
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