Por Guillermo Díaz Talavera
“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia” Job 38:4
Así inicia y termina El árbol de la vida, una película ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2011 y dirigida por Terrence Malick, un cineasta creyente lleno de límites que manifiesta la presencia y la búsqueda de Dios, y quien piensa que hay dos formas de ver la vida: la de la naturaleza y la de la gracia. Este enfoque existencialista me hizo recordar a un ateo que “recomendaba a Dios imitar a Hugo Chávez instándolo a realizar un programa al estilo “Aló Presidente”, una suerte de maratónica anestesia mental, con el fin de disipar todas las dudas de la humanidad.
En algún momento nos hemos planteado diferentes preguntas sobre Dios. ¿Por qué es tan importante creer en Dios? ¿Conoce Dios el futuro? ¿Por qué Dios crea terremotos y hambrunas? ¿No habrá sido todo una casualidad? ¿Por qué Dios se preocupa por nosotros, insignificantes criaturas humanas? Y en verdad, a veces nuestra fe e incredulidad se ven enclenques ante las limitaciones de nuestras respuestas, sean teológicas o científicas.
Si bien es cierto que las explicaciones científicas actuales basadas en la evolución presentan alguna lógica racionalista, también existen muchas dudas sobre su teoría. Un hecho crucial es la predicción del árbol de la vida según Darwin de inmensas cantidades de fósiles transicionales que relacionan a todas las especies existentes, pero la realidad es que después de más de 100 años de intensa búsqueda, solo existen una que otra de tales reliquias ambiguas muy discutibles como iconos evolutivos: archaeopteryx y tiktaalik, el resto continúan siendo objeto de interminables ilustraciones artísticas y especulaciones científicas.
¿Existe hoy un método de comprobación de la ascendencia común de los seres vivos? Se ha inferido que la transferencia genética horizontal (TGH) sustituye los datos no falsables del árbol de la vida de Darwin, pero los estudios de Ragan y Beiko (2009) no han pasado la prueba al invocarlos como un epiciclo decimonónico, no tratándolos como una hipótesis científica falsable. En ese sentido Craig Venter, autoridad y pionero de la célula sintética, afirma que el árbol de la vida es el artefacto de algunos estudios científicos tempranos que ya no se sostienen.
Si una persona se opone hasta la posibilidad de que hay un Dios, entonces cualquier evidencia puede ser descartada. Dios no solamente se ha revelado a sí mismo en la naturaleza, y en la vida humana, sino que también lo ha hecho en la Biblia. Los pensamientos de Dios, personalidad y actitudes solo pueden ser conocidos si él decide revelarlos, lo demás es pura especulación. La “invitación atea” a Dios de imitar a Chávez raya en lo ridículo, porque el libre albedrío es una prerrogativa que el Señor le permite al ser humano para creer o no en Él, algo que se traduce en libertad de expresión y acción pero muy dudosa en la Venezuela actual del dictador Hugo Chávez.
El autor es médico cirujano
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