Aquí parece que andar con la mano tendida buscando un cargo se está poniendo de moda. Pedir para subsistir políticamente parece ser la consigna de quienes ahora anuncian a grito partido la necesidad de llenar las vacantes en varios poderes del Estado como si con ello se diera un vuelco dramático al régimen absolutista. Desesperados y empujándose unos a otros quieren ser parte del zancudismo que criticaron por años.
Antes fue pecado mortal optar a magistraturas y se llamaba colaboracionistas y vendidos al oficialismo a quienes estaban en esa toma y daca con el frentismo que al final otorgaba a los suplicantes como una gran concesión al “juego democrático” una que otra limosna.
Lo que antes era calificado como diabólico hoy se disfraza de “justa reivindicación” y lo que levantó banderas de lucha por elegir magistrados democráticos fue guardado en el baúl de los recuerdos para dar paso a las tradicionales ambiciones políticas y agarrar un pedacito del pastel de las magistraturas. Ahora con rostros serios y con cara de póker hablan de la “urgente necesidad” de elegir nuevos magistrados como si con esto vayan a impedir que el oficialismo haga lo que le dé su regalada gana en el manejo arbitrario de todos los poderes del Estado. Salvo devengar jugosos sueldos, que antes criticaron con amargura, no tienen manera alguna de influir en esas instituciones donde el frentismo se recetará una mayoría que no ponga ni pizca de peligro a su proyecto político. ¿Para esto se hizo tanta alharaca?
Parecen no escarmentar. Hace poco el frentismo en la Asamblea Nacional trató al trompón y a la patada a quienes querían colarse en la directiva parlamentaria demostrando de que al oficialismo le importa un comino el modelo democrático. Incluso los ilusos que creían que después del fraude el oficialismo maquillaría su administración con algunas disimuladas muestras de apertura, están decepcionados.
Parece que en vez de la ansiada República que por años ha sido un sueño construir aquí lo que se está implantando es un Reino de la Mendicidad donde la familia gobernante, ubicándose como monarcas de esta desgraciada tierra, reparten limosna a diestra y siniestra. Esto requiere dos personajes: los que piden, que políticamente aquí sobran, y el que la da, que en este caso lo hace con perversa precisión.
La gente votó mayoritariamente en las robadas elecciones porque se diera un vuelco a esta torcida práctica política y que las ambiciones de poder, los juegos individuales y las mañas fueran cosa del pasado. Por eso da pena ver a personajes de diversos sectores como están desvaneciendo con pasmosa rapidez las justas aspiraciones de esa inmensa cantidad de personas que votaron por el cambio, aunque esto al final fue un sueño robado.
Ahora las “fieras” aceptan dócilmente las reglas del juego que antes rechazaban con furia reprimida esperanzados tal vez de engullirse uno que otro hueso desperdigado.
Hay que erradicar la vieja tradición de que para hacer oposición hay que devengar puestos jugosos. Cargos de minoría, distribución proporcional, equilibrio democrático, son eufemismos que encubren ambiciones de unos cuántos a nombre de muchos, que justo son los más famélicos, desgraciados y desposeídos.
Son veinticinco o treinta vivos, arrogándose la representación de centenares de miles. ¡Así quién no!
El autor es dirigente histórico socialcristiano
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