La presentación del primer informe de coyuntura económica de 2012, patrocinado por Funides (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico), representa un aporte valioso para ayudar a promover el desarrollo económico y social de Nicaragua. Estos fórums promueven pensar detenidamente sobre los desafíos que enfrenta la nación y el rol que jugamos cada uno de nosotros en su desarrollo. El informe esclarece un elemento de mucha incidencia para el desarrollo económico y social a mediano y largo plazo, el riesgo institucional.
Me llamó mucho la atención el que las encuestas presentadas durante el foro demostrasen en términos generales mayores niveles de confianza, sentido de bienestar y expectativas sobre el futuro, igualmente positivas de parte de algunos sectores de la sociedad. Considerando el papel central que juega la institucionalidad en el desarrollo económico y social, es realmente preocupante observar la “indiferencia” que reflejan los resultados de las encuestas en cuanto a la pérdida de la institucionalidad y el Estado de Derecho en Nicaragua.
Tanto en la teoría como en la práctica, es evidente que el desarrollo económico sostenible requiere como condiciones necesarias, instituciones legítimas y transparentes. Sin embargo, las encuestas no reflejan esta inquietud. Al contrario. Sugieren que la crisis institucional no es suficientemente importante, o bien, el aparente auge económico, a raíz de las alzas en los precios de los principales productos de exportación, junto con el “efecto-Venezuela”, han venido a distorsionar las expectativas racionales de los nicaragüenses en tal grado que nos ha hecho más tolerantes al riesgo institucional. Esta especie de “moral hazard” sugiere que hemos optado por “hacernos de la vista gorda” o como dicen los norteamericanos, “kick the can down the road” (patear la lata cada vez más adelante del camino, o dicho de otra manera, darle largas a un problema).
Independientemente de cuál sea la razón, el panorama para el desarrollo es nebuloso. La pronosticada desaceleración de la economía mundial, encabezada por Estados Unidos, nuestro principal socio económico, la crisis europea, expectativas de una desaceleración en las remesas familiares que percibe Nicaragua del exterior (más de 800 millones de dólares anuales), la poca diversificación en las exportaciones y otras fuentes de ingresos, y finalmente el creciente éxodo en la cooperación externa para Nicaragua, ponen al país en una situación bastante complicada. Y si esto fuera poco, hemos aceptado un nivel de riesgo institucional altísimo u optado por transferirlo hacia el futuro, a cambio de gozar de beneficios económicos en el presente.
Todavía estamos a tiempo, pues como todo riesgo se puede mitigar y controlar. Pero para ello se requiere de una reevaluación a nivel de país, sobre la relación institucionalidad-desarrollo que nos permita forjar una visión más “real” del presente, y de esa manera, poder establecer estrategias más adecuadas y con mayor capacidad de enfoque. Solo así podremos lograr un desarrollo económico sostenible en el largo plazo. El autor es doctor en Administración Pública de Virginia Tech
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