El río San Juan representa un orgullo nacional. Resulta necesario desarrollarlo económica y socialmente, invirtiendo recursos para la construcción de caminos, carreteras, aeropuertos, escuelas, centros de salud, hospitales e instalaciones turísticas; y que se mantenga bajo una estricta vigilancia para que se conserve como una zona ecológica sostenible y libre de delincuencia.
Conozco bien Costa Rica. Durante 18 años viví en ese país junto con mi familia y solamente recibimos solidaridad, hospitalidad y afecto de muchos costarricenses, desarrollando de nuestra parte hacia Costa Rica como país y para los costarricenses en particular, un sentimiento de agradecimiento y de cariño. Sin embargo, amor no quita conocimiento.
En la Guerra Nacional de 1856 fuimos ayudados por nuestros vecinos centroamericanos y le correspondió a Costa Rica la defensa del río San Juan, la cual estuvo bajo la responsabilidad del general José María Cañas Escamilla, de quien William Walker dijo que era el mejor General de los Ejércitos centroamericanos. El general Cañas, en sus patrullajes sobre el río, ingresaba hasta el lago y debió haber quedado cautivado por la singular belleza de estos recursos naturales pertenecientes a Nicaragua.
Tanto Máximo Jerez como Tomás Martínez, siendo este último Presidente de la República, entregaron parte de nuestra soberanía al firmar semejante convenio, ya que el dominio de que gozamos actualmente se traduce de alguna manera en una soberanía limitada, al cederle a Costa Rica según el artículo VI del Tratado, “derechos perpetuos de libre navegación, tres millas inglesas antes de llegar al Castillo Viejo con objetos de comercio, ya sea con Nicaragua o al interior de Costa Rica”.
La pretensión de Costa Rica por el río indica que los ticos nunca estuvieron conformes con esas concesiones, ya que sus aspiraciones iban más allá del derecho perpetuo de libre navegación. Esta exigencia se fortaleció con el Tratado Jerez Cañas, ya que a los pocos años de haberse firmado y dándole su propia interpretación, comenzó Costa Rica a insistir en la navegación armada, la cual dio origen al Laudo Cleveland.
Existe un mapa del siglo diecinueve, el cual tuve oportunidad de apreciar en 1981 en la Casa del Mapa de Londres. Aparecía en dicho mapa una línea divisoria a nivel del tercio inferior y parte sur del lago, la cual atravesaba todo el territorio nacional, y en una de sus partes una leyenda decía: “aspiraciones limítrofes de Costa Rica con la República de Nicaragua”.
A través de los años Costa Rica ha pretendido conquistar derechos que no le confieren, ni el tratado Jerez Cañas ni el Laudo Cleveland. Apoyados en los tratados, mapas y otros documentos, así como en el comportamiento histórico de las autoridades costarricenses creando conflictos, algunas veces tratando de navegar armados por el río y en otras por supuestos escenarios limítrofes, podríamos concluir que estas inadmisibles aspiraciones han sido maniobras tácticas con el propósito de conseguir en cada oportunidad algo adicional a lo ya permitido en los tratados, y eventualmente, dada la singular belleza y situación estratégica de ambos recursos, apropiarse del río y parte del lago.
Prueba de lo anterior es el fallo de la Corte de la Haya del 13 de julio de 2009, que le concedió a Costa Rica el uso del río con fines turísticos. Los turistas no son objeto de comercio, que es lo establecido en el tratado.
Con la construcción de la carretera de casi 200 kilómetros paralela a la rivera sur del río, ya no necesitará navegarlo con objetos de comercio ni para avituallar a sus tropas. Por lo tanto Nicaragua debería denunciar el tratado, lo cual significa desconocer su contenido y declarar nula su aplicación en esta materia.
El autor es médico
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