Magdalena de Rodríguez

Nicaragua, país de ficción

Ya ha pasado más de una semana desde el 10 de enero, día que encajaría bien en la leyenda de Las carreras de San Silvestre.

Nadie le pedía a ese santo, hasta que un día dos mujeres le rogaron, una, que no se borrara nunca ese día del libro de la vida porque se había realizado en él su gran amor.

La otra, que se borrara para siempre ese día del mismo libro, porque había muerto el hombre que amaba.

En el caso nuestro: ¿Qué haría el pobre santo con el 10 de enero?

Posiblemente nos diría a los segundos: “Bórrenlo ustedes, son mayoría, únanse, trabajen juntos, con inteligencia, sean honestos, no vendan su conciencia y así, ese día fatal no habría existido”.

Nicaragua es un país de ficción siempre, no solo el 10 de enero. Las elecciones fueron una ficción, la revolución, invocada por el comandante Ortega, hoy “titular” (término que le endilgó Pedro Joaquín Chamorro al último de los Somoza en el postrero asalto al poder), fue igualmente una ficción y cada uno de los nicaragüenses vivimos una ficción propia y diferente, por eso no hemos podido formar una nación.

Somos un país, no una nación. Todo nos separa. Nada nos une.

El discurso del titular el 10 de enero ya ha sido suficientemente comentado, desmenuzado desde diferentes puntos de vista.

El más ingenioso comentario, la glosa satírico-jocunda de Juan Carlos Ampié en el programa Esta Semana, de Carlos Fernando Chamorro, el domingo 15 de enero. ¿Cómo llamar al Comandante Ortega? se preguntaba Ampié. Pues, titular, podríamos responder al menos el 60 por ciento de los nicaragüenses, si fuéramos una nación.

Hubo aquel 10 de enero un discurso, un escenario jardín (carísimo) y varios contrastes en los que nadie parece haber reparado, las mujeres en escena: la mujer del titular vestida de hadita benigna tirando besos, aplaudiendo sin cesar y ¡bailando!

Actitud impropia de su edad y de la ocasión.

Hacía contraste brusco con la compostura serena de la joven esposa del presidente Funes de El Salvador y sobre todo con la conmovedora figura de la señora del dictador de Irán, una pequeña pirámide negra, mayestática, emblema de las sometidas mujeres de su pueblo.

Esa noche, rumiando mi propia ficción, pensaba: Dios mío, que bajaran tus ángeles y arrebataran a estos dos mujeres símbolos, mujeres de dos dictadores, la de los velos blancos y la de los impenetrables velos negros.

Días después, durante la toma de posesión del presidente Pérez Molina de Guatemala, cuánta dignidad en la actitud de dos mujeres emblemáticas, la esposa del presidente entrante de negro y la vicepresidenta electa de blanco, la que apenas esbozó una reprimida sonrisa.  

La autora es profesora, fue diputada y ministra de cultura.


COMENTARIOS

  1. lucas garcia
    Hace 15 años

    Excelente, aleccionador, me encantò.

  2. Sniper
    Hace 15 años

    ay carajo que bonito articulo;la felicito su descripcion hacia estas primeras damas es genial!!!!!!!!!!!!!!1

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí