Editorial: Bicentenario de la Universidad, sin autonomía
El rector de la Universidad Nacional de León, quien fuera el jefe de campaña electoral de Daniel Ortega en las elecciones fraudulentas del año pasado y ahora, como premio, es candidato del Frente Sandinista a alcalde de León, enfatizó en su convocatoria a la celebración del bicentenario de dicha institución de estudios superiores que el 2012 es también el año de “la refundación de la universidad”.
Refundar la universidad significa obviamente eliminar la autonomía universitaria, de derecho o de hecho, que es lo que ha venido haciendo el régimen de Daniel Ortega, y lo cual, al parecer planean culminarlo en 2012. Y es lo mismo que han hecho con la autonomía municipal, que probablemente desaparecerá por completo este mismo año, cuando el FSLN se propone apoderare del gobierno de prácticamente todos los municipios del país.
Cabe mencionar que no es la primera vez que Daniel Ortega y el FSLN despojan a la universidad nacional de su autonomía, o sea de su valor fundamental, su dignidad y su capacidad para cumplir la elevada misión que le corresponde. La autonomía universitaria también desapareció en 1979 cuando el Frente Sandinista tomó el poder por medio de la violencia armada, y su gobierno de facto creó en 1980 el Consejo Nacional de la Educación Superior (CNES), mediante el cual el partido armado en el poder asumió el control político y académico de la enseñanza superior en Nicaragua.
José Ingenieros, eminente filósofo y educador argentino e hispanoamericano —cuyo pensamiento fue uno de los alientos para la Reforma de Córdoba de 1918, partida de nacimiento de la autonomía universitaria en toda América Latina—, expresó que “La misión de la universidad consiste en fijar principios, direcciones, ideales, que permitan organizar la cultura superior al servicio de la sociedad”.
En las condiciones de Hispanoamérica, donde la centralización y el despotismo —además de la corrupción— forman parte de la arraigada tradición, cultura y práctica del poder político, para poder cumplir esa alta misión la universidad necesita ser autónoma, independiente de las pasiones políticas y los intereses partidistas. Así lo advirtió en Nicaragua, el rector de la conquista de la autonomía universitaria, doctor Mariano Fiallos Gil, al proclamar en 1962, durante la celebración del siglo y medio de la creación de la universidad nacional, que era necesario “fortalecer la autonomía universitaria, y, sobre todo, la autonomía del espíritu, la más valiosa de todas, sin dogmatismos religiosos o políticos, porque ellos constituyen la mayor impedimenta (sic) para la convivencia humana y el desarrollo de sus aspiraciones”. Eso fue hace 50 años, cuando la celebración del sesquicentenario de la Universidad de León fue envuelto en la alegría de la autonomía universitaria recién conquistada, bajo el régimen somocista. Ahora, medio siglo después, la conmemoración del bicentenario de la universidad está envuelta en tristeza e indignación por el atropello del régimen y el partido orteguista a la autonomía universitaria, o sea a la sagrada autonomía del espíritu.
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