ISLA DEL GIGLIO/AFP/EFE/AP
Los submarinistas italianos suspendieron ayer la búsqueda de una cifra indeterminada de desaparecidos, pues todavía faltan al llamado 29 personas (cuatro de la tripulación y 25 pasajeros) por el naufragio del «Costa Concordia» frente a la isla italiana del Giglio.
Las autoridades italianas temen un desastre ecológico y consideran que la nave, con 2,380 toneladas de combustible a bordo, es una especie de «bomba» en uno de los entornos más delicados del Mediterráneo.
El presidente y director general de Costa Cruceros, Pier Luigi Foschi, informó ayer que la nueva ruta que decidió tomar el capitán no estaba en el trayecto programado, lo que intensifica la presión sobre el responsable investigado por supuesto homicidio y denuncias de que abandonó la nave antes de que los pasajeros estuvieran a salvo.
Los diarios italianos Corriere della Sera e Il Tirreno informaron ayer que el crucero se acercó tanto a la isla de Giglio para hacer «una reverencia», un regalo, a su jefe de camareros, natural de allí, y a un excomandante de la naviera.
En el crucero iban 17 hondureños y siete guatemaltecos que sobrevivieron a la tragedia. En el accidente murió un peruano, y otra peruana está desaparecida.
El crucero de lujo naufragó a las 21:30 del viernes (hora local) tras impactar contra una roca.
Iban 4,229 personas a bordo, entre ellas más de 3,200 turistas de 60 nacionalidades y un millar de miembros de la tripulación, entre peruanos, colombianos y de Centroamérica.
El comisario a bordo resulta el «héroe», al haber sido rescatado 36 horas después con una pierna rota tras haber ayudado a decenas de pasajeros a salvarse. Una juez, argentina de 72 años, nadó 60 metros para salvarse.
La compañía calculó que los daños tras el naufragio ascienden a 93 millones de dólares.