El gato tapa sus excretas con tierrita y el gobierno de Costa Rica quiere ocultar sus fechorías bajo tela sintética y una promesa de reforestación con “cercas vivas” en los 160 kilómetros de la carretera que desde hace 11 meses se construye paralela a la ribera del río San Juan, estimó ayer el ambientalista Kamilo Lara, presidente del Foro Nacional de Reciclaje (Fonare), durante una conferencia de prensa.
“En los últimos días se ha hablado de un plan de reforestación, pero sabemos que eso Costa Rica lo pudo hacer desde hace mucho tiempo en un sitio que ha sido afectado por la agricultura y la ganadería”, dijo Lara, que tildó de “maquillaje ambiental” a la repentina preocupación costarricense por el restablecimiento del ecosistema en la frontera.
A su juicio, el anuncio se hizo como medida mitigante ante el evidente “ecocidio” y despale brutal en la ribera del río.
Por otro lado, asoma una duda: ¿dónde instalará el gobierno tico sus “cercas vivas”, si la carretera está tan cerca del río que ahí no hay lugar para que quepa un árbol?, cuestionó José Antonio Milán, científico nicaragüense.
A medida que avanza la maquinaria tica, se acerca el ocaso del San Juan; por eso Lara subrayó, en nombre de organizaciones ambientalistas de Nicaragua, que debe detenerse el daño ambiental y tiene que haber una restauración en términos financieros.
Sin embargo, aunque hoy mismo se detuviera la construcción de la vía, ya hay daños que son irreversibles. Uno de ellos es la sedimentación causada por las alcantarillas para agua pluvial que desembocan en el río, señala Milán. “A Nicaragua le costaría millones dragar el río”, explica.
El pasado jueves, magistrados de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) contemplaron los desastres que el gobierno tico intentó cubrir con material geotextil; y se espera que se pronuncien este martes 17 de enero sobre el asunto.
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