Confieso que guardaba una mínima esperanza de que los diputados del PLI, electos por el voto democrático acompañaran al presidente despojado, Fabio Gadea Mantilla, en su lucha por la democracia en el campo de la resistencia pacífica, diciendo no a las diputaciones que obviamente Daniel Ortega decidió “concederles”. Sin embargo, esas esperanzas se esfumaron.
Pensé que una justificación para que estos diputados decidieran asumir sus escaños era que: “La calle está dura”, y de inmediato me respondí: “pero bueno, la calle está dura para la mayoría de nicaragüenses, no solamente para ellos”. Y ante este robo y violación a los derechos ciudadanos, asumí ingenuamente: “ellos optarán por la solidaridad”, en primer lugar con el candidato a la presidencia, Fabio Gadea, y en segundo lugar, con los electores que votaron por ellos, y además con sus colegas, los otros candidatos a diputados, que deberían de ser parte de ese grupo y no están por “voluntad” expresa del dictador.
El caso de Venezuela, que insisten en mencionarlo, no es comparable, pues allá el error se cometió inicialmente, al no participar en las elecciones; acá por el contrario, acertadamente el PLI participó, con lo que exitosamente logró evidenciar el fraude. Opino que, teniendo las pruebas a la vista, y con el discurso de que “Nicaragua volverá a República”, lo que cabe es desconocer los resultados y por ende no aceptar puestos producto de semejante “chanchullo”. Y pedir desde la calle junto con la población, la destitución inmediata del CSE en pleno, y la celebración de nuevas elecciones.
Ante lo que considero una rendición de los políticos de oposición (diputados del PLI), así adornen y racionalicen de mil maneras la toma de posesión de sus escaños, no queda más opción que la conformación de grupos de personas idealistas y revolucionarias, que tengan la convicción de luchar por darle a Nicaragua un futuro de progreso y bienestar verdaderos, sin tener que pactar con el tirano para lograrlo. Esos ciudadanos deberán intentar, una vez más, producir el cambio necesario. Políticos con experiencia me lo han repetido muchas veces: “no hay nada que hacer”, “así es la historia de Nicaragua”, y “no va a cambiar, es una sociedad acostumbrada al caudillismo”, y finalmente todos los sectores se “arreglan” con el poderoso. Sin embargo, yo me resisto a cerrar capítulo y confío que tarde o temprano surgirá un grupo de opositores firmes, que de una vez por todas sean capaces de detener los abusos que por más de treinta años la familia Ortega ha implementado en contra de Nicaragua. ¡Si se terminó Somoza, se terminará Ortega!
Reitero mi respeto por la fórmula Gadea-Jarquín, por no asumir los puestos que el dictador-usurpador les ofreció, a cambio de renunciar a su legítima elección como Presidente y Vicepresidente.
Me imagino que los magistrados de facto del CSE han estado de fiesta al tomarles la promesa a los diputados del PLI que han asumido sus curules, pues ahora viene la segunda parte de la estrategia rojinegra, que será “resolver” la litis del PLI, la que les brindará la magnífica oportunidad de quitar a su antojo diputaciones.
¿O será que la bancada del PLI ha asumido con la convicción de tomar medidas radicales, si Daniel Ortega, deliberadamente, empezara a ordenar la salida de determinados diputados PLI con el objetivo de dejar solamente a aquellos que están dispuestos a cantarle al PLC: “Quítate tú pa’ ponerme yo ¿quítate tú?” El tiempo lo dirá.
¡La Patria vive, la lucha sigue! La autora es psicóloga.
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