TEHERÁN/AFP
El científico nuclear iraní, Mostafa Ahmadi Roshan, de 32 años, murió ayer en Teherán en un atentado con coche bomba atribuido por el régimen iraní a Israel y a Estados Unidos, en un contexto tenso entre los países occidentales y la República Islámica por su programa nuclear.
El vicepresidente iraní, Mohamad Reza Rahimi, quien se encuentra a cargo del Ejecutivo por la gira del presidente Mahmud Ahmadineyad en América Latina, declaró en la televisión estatal que la muerte del científico no impedirá a Irán hacer “progresos” en sus actividades nucleares.
Tanto la prensa como responsables iraníes acusan a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de haber entregado el nombre de Roshan a los servicios secretos israelíes y estadounidenses. “Los inspectores de la AIEA se reunieron con él hace poco”, según la agencia Mehr.
Es necesario “un orden nuevo, una mirada nueva, que respete a todos los seres humanos, un pensamiento basado en la justicia”, agregó.
Cuba ha defendido el derecho de Teherán a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos, aunque Fidel Castro criticó en septiembre de 2010 al presidente iraní por su retórica antijudía.
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El ataque se produjo en la mañana, cerca la Universidad Alameh Tabatabai, en el este de la capital iraní. Ahmadi Roshan, quien estaba dentro de un vehículo Peugeot 405, de fabricación iraní, murió en el acto y su guardaespaldas falleció más tarde, según las agencias Fars y ILNA. El tercer ocupante del vehículo está hospitalizado.
El científico desempeñaba el cargo de vicedirector para asuntos comerciales de la planta de Natanz, según la página en Internet de la Universidad Sharif, donde se graduó hace una década.
También era un académico y miembro de la milicia basiyi, controlada por los Guardianes de la Revolución, según un comunicado de este grupo.
NIEGAN RELACIÓN
Estados Unidos afirmó ayer que “no tiene nada que ver” con el asesinato del científico nuclear.
“Condenamos enérgicamente todos los actos de violencia, incluyendo los actos de violencia como estos”, expresó el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Tommy Vietor.
En Israel, el general Yoav Mordechai, portavoz militar, indicó que ignoraba quién llevó a cabo lo que calificó de acto de “venganza”. “No sé quién se vengó del científico iraní, pero no voy a derramar ninguna lágrima”, dijo. También era un académico y miembro de la milicia basiyi controlada por los Guardianes de la Revolución, según un comunicado de este grupo.
Natanz es la principal planta de enriquecimiento de uranio de Irán, con más de 8,000 centrifugadoras.
El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, llegó ayer a Cuba, donde saludó con una “V” de la victoria, en la tercera escala de su gira latinoamericana. Cuba ha defendido el derecho de Teherán a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos, aunque Fidel Castro criticó en septiembre de 2010 al presidente iraní por su retórica antijudía. En las escalas previas de esta gira por cuatro países con discurso hostil hacia Washington, que culminará en Ecuador, Ahmadineyad cosechó apoyo para su programa nuclear del mandatario venezolano Hugo Chávez en Caracas y del nicaragüense Daniel Ortega en Managua.
“Es obvio que Irán no tiene justificación para enriquecer uranio a ese nivel para un uso pacífico”, señaló la embajadora adjunta estadounidense, Rosemary DiCarlo, quien manifestó que para esos países, la decisión iraní supone una violación de sus obligaciones internacionales. La comunidad internacional teme que bajo el paraguas de un programa nuclear civil, Irán ambicione desarrollar un arsenal atómico, mientras que ese país niega las acusaciones y defiende que sus aspiraciones solo tienen fines energéticos y médicos.
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