La reinauguración presidencial de Daniel Ortega ha despertado debates sobre la composición y nivel de las delegaciones, los de Jefes de Estado y de Gobierno presentes, etc. Al escribir estas líneas habrían confirmado cuatro Presidentes (Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá), quedando pendiente uno más (Venezuela), habiendo recibido confirmación de Irán y del príncipe heredero de España. Los grandes ausentes son los Presidentes de Costa Rica, República Dominicana y el Primer Ministro de Belice, todos pertenecientes al SICA, relaciones que han sido descuidadas por la Administración Ortega.
El Presidente de México, presente en 2007, esta vez no estará, ni tampoco un miembro del Gabinete de Gobierno del Presidente Obama. Tampoco viene la Presidente de Brasil que encontró alguna excusa y ni siquiera los del Alba. Las delegaciones europeas, a menudo presididas en el pasado por funcionarios de alto nivel de las cancillerías o por diputados de los Comités de Relaciones Exteriores del poder legislativo han sido reducidas en su representación.
Ahora bien, es importante tomar nota que no siempre se cumple el adagio que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. En el caso del jefe de Estado Persa, país que está a las puertas de una confrontación de incalculables proporciones con sus vecinos europeos y del Medio Oriente, poco es lo que ofrece a cambio de exponer a Nicaragua en el mediano plazo. Es cierto que en el corto plazo la administración Obama no le asigna importancia a la visita de Mahmoud Amayineyad a Nicaragua y a Ecuador, obviamente esto no es porque consideren poco importante a Irán, sino porque nos consideran poco importantes a nosotros. Como se desprende de los comunicados de la Casa Blanca, lo único que les interesa en esta región es que se continúe el control del narcotráfico, la contención de inmigración ilegal y detener, hasta donde sea posible, el lavado de dinero, tareas en que ambas administraciones se entienden. El Departamento de Estado (la cancillería de EE. UU.), repite las declaraciones de la Casa Blanca, pero matiza diciendo “tengan cuidado”, lo que perceptiblemente aumenta los costos en una relación costo/beneficio que no trae beneficios a Nicaragua. No hay cooperación ni hay comercio, por las razones claramente expuestas por Jorge Huezo, hasta hace poco embajador de Nicaragua en Irán.
Por el lado de los costos, si bien aparecen bajos en el corto plazo, tienden a aumentar considerablemente cuando se aumenta el horizonte de planificación. Ese recordatorio del Departamento de Estado dice entre líneas que la posición blandengue de su Administración puede ser tan temporal, como las elecciones de noviembre. En cuanto a la participación de SAR el príncipe Felipe, debemos recordar que en España se respeta la institucionalidad. Los actos de Gobierno comprometen al Estado. Cuando Zapatero tempraneó a Rajoy, reconociendo al tercer gobierno de Daniel Ortega, antes de la toma de posesión de Mariano, España quedó comprometida a continuar sus relaciones normales con Nicaragua. Eso significa, entre otras cosas, enviar al príncipe a la inauguración a representar a su padre, el jefe de Estado. Su presencia acá se debe pues, a una puntada de Zapatero.
El autor fue canciller de Nicaragua.
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