La escritora costarricense Carmen Naranjo (30 de enero 1928-4 de enero 2012) durante su vida literaria estuvo profundamente vinculada a Nicaragua, primero a través de sus lecturas de Rubén Darío en su adolescencia, como le suele ocurrir a centenares de autores del mundo, y luego a través de un acercamiento más personal con narradores y poetas nicaragüenses que habían vivido en Costa Rica o que había conocido en encuentros literarios en otros países ajenos a Nicaragua y a Costa Rica.
Su vida diplomática y sus viajes le permitieron encontrarse con nicaragüenses en aeropuertos, hoteles o restaurantes, y por su reconocimiento inmediato del “hablar tosco y directo del nica” lograba identificar al paisano vecino en lejanas tierras, a quienes preguntaba sobre Nicaragua. Era un interés nato e inevitable y de esa manera le gustaba constatar que “todos, hasta camareros sin grandes estudios, conductores, gente de trabajo esforzado se sabían los versos de Darío con toda naturalidad”.
Pero su acercamiento a Nicaragua no fue solamente ese interés por conversar con el nicaragüense inmigrante, por sus amigos escritores y escritoras o por su amistad con nuestras asociaciones de artistas, sino por otros aportes poco conocidos, como el del cine.
Esa historia comienza y termina en los años setenta, cuando la colaboración de intelectuales se hacía necesaria para lograr un cine nacional en cada uno de los países centroamericanos. Por lo que varios amigos, cuatro costarricenses y un nicaragüense, (el actor Oscar Castillo, el realizador de cine Antonio Yglesias y los escritores Carmen Naranjo, Sergio Ramírez y Samuel Rovinski) fundaron en San José la empresa productora de cine Istmo Film, con el objetivo de realizar cine local para Centroamérica, influidos por el movimiento del Nuevo Cine Mexicano, que les inspirada y sugería muchas ideas. Desde Istmo Film se gestó el vigoroso cine nicaragüense de los años ochenta y desde allí se le dio empuje a lo que fue un instituto de cine, al que se refería Carmen en una entrevista: “El cine de Nicaragua era el orgullo y la dignidad de América Latina, en un tiempo, lástima que todo se cayó como un muro en terremoto”.
Hacia finales de la década de los setenta a Istmo Film se abocaban los cineastas internacionalistas que iban a las fronteras en el Frente Sur a documentar para la historia en formato de cine la guerra antisomocista, se facilitaban cámaras, se revelaban rollos de fotos para la propaganda, se produjo un documental sobre la Nicaragua de ese tiempo, que le dio la vuelta al mundo en menos de un año, además del despertar cultural que históricamente ya se conoce. Carmen se retiró de Istmo Film poco después, pero dejó en la empresa y en el movimiento que despuntó en el nacimiento del cine nacional nicaragüense sus aportes e ideas; sueños de grandeza en apoyo y solidaridad transferidos y aterrizados a proyectos y a tablas de presupuestos. Por lo que a Carmen Naranjo la literatura nicaragüense debe mucho por su cariño y amistad, así como el cine, con esa semillita que sembró y que condujo a los mejores momentos de apogeo de la cinematografía nicaragüense, cuando esta brillaba con luz y logros propios. Por todo ello, gracias Carmen.
La autora es periodista e historiadora del cine en Nicaragua.
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