¿Qué te va a traer en Navidad el Niño Dios?, le pregunté a Jorgito, vecinito de seis años y amigo de mi nietecita. ¿El Niño Dios? “A mí los regalos me los trae Santa Claus en su trineo de renos”, me contestó el niño.
Su respuesta me hizo sentir que mi infancia aconteció en una prehistoria cultural. En aquellos lejanos días de hace medio siglo, el Niño Dios traía los regalos el 24 de diciembre y en algunos hogares eran los Reyes Magos quienes los traían el 6 de enero en su visita al Niño. Santa Claus era un personaje que apenas hacía su aparición como decorado de Navidad en algunos comercios y hogares.
Hoy en diciembre de 2011, Santa Claus está omnipresente en Nicaragua y en el mundo entero, aún en los países no cristianos. La globalización mediática y comercial lo ha convertido en un icono de la cultura de masas universal, recreado en toda una moderna mitología alrededor de la figura de Santa, con historias a las que continuamente se le agregan nuevos elementos y personajes, que nada tienen que ver con la Natividad de Jesús. Quizá lo único que conserva del sentido original es el “espíritu de Navidad”, entendido como una fecha en que se celebra la fraternidad humana.
Sobre “Santa”, casi nadie conoce de su origen en el personaje real de San Nicolás, obispo de Myra, ciudad del Cercano Oriente, quien vivió en el siglo IV y muy venerado por su bondad con los niños. A lo largo de los siglos el recuerdo del santo se fue confundiendo con tradiciones de personajes paganos, hasta transformarse de un habitante de zona mediterránea en habitante nórdico de las nieves y conocerse actualmente bajo la versión anglosajona del nombre de Santa Claus. La imagen contemporánea del viejo bonachón, gordo, canoso, con su traje rojo y blanco, fue popularizada en una masiva campaña publicitaria de la Coca Cola en 1931. Así, viajando de la mano de las transnacionales, Santa llegó a todos los rincones del mundo y por ende de Nicaragua.
Pienso que no es asunto de combatir a Santa Claus, nos guste o no, está firmemente posicionado como una rutilante “celebrity”. Lo importante es mantener y promover nuestra cultura tradicional navideña que es manifestación de la celebración de la encarnación del amor, la fraternidad y la buena voluntad con el nacimiento del Niño Jesús.
En Nicaragua hemos adornado nuestras fiestas navideñas con “nacimientos, pesebres, portales”, o sea representaciones plásticas de escenas del nacimiento de Jesús en Belén. Igualmente celebramos “pastorelas”, “posadas”, dramatizaciones populares acompañadas de villancicos propios, panderetas, pitos de barro y agua con el gorjeo de pajarillos nicas, tambores y matracas, niños vestidos de “María”, “José”, ángeles, pastores, que en divertida didáctica enseñan a los niños las historias y el mensaje del nacimiento de Jesús y de la bondad humana. Mantener vivas estas tradiciones es una forma de reafirmar nuestra identidad cultural y seguir siendo nicas, a la vez que miembros de una cultura global.
Este año las familias vecinas de mi calle decidimos realizar una pastorela con los niños, quienes desfilaron cantando con los atuendos del caso, acompañados de sus padres, visitando y siendo recibidos en las casas del vecindario. Con alegría, recreamos y compartimos en familia y en comunidad el misterio de la Navidad, sintiendo fraternidad y buena voluntad entre nosotros.
Ahora Jorgito y Amanda Celina, mi “ñietecita”, ya saben que es el Niño Dios quien con sus bendiciones hace posible la traída de los regalos de Navidad. ¡Aún los que vienen en el trineo de Santa!
El autor es psicólogo
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