Edgard Rodríguez
El beisbol nicaragüense es discreto, pero entretiene. No dispone de un plan estratégico para su desarrollo pero, casi providencialmente, produce jugadores de algún talento. Y aunque ni siquiera gateamos en su mercadeo, hay toda una dinámica a su alrededor que valdría la pena potencializar.
Aparte del plan, que debería elaborarse y ponerse a funcionar con urgencia, un factor que podría fortalecer el interés en el beisbol, es la construcción de un estadio, que no solo mande al olvido ese viejo y poco práctico inmueble, sino que además, desactive la bomba de tiempo en que se ha convertido.
Diversos expertos, incluyendo ingenieros de la UNI, que han estudiado la conveniencia de reforzarlo o tumbarlo, han concluido en que lo mejor es pensar en una nueva edificación, mientras han recomendado quitarle sillas para disminuir el peso que debe sostener incluso vacío.
Pero esas son medidas temporales. Lo correcto debería ser pensar en un nuevo estadio. Y entre más tarde se hagan las gestiones, más tarde se concluirá. Creo que el propio gobierno del presidente Daniel Ortega debería estar interesado en el proyecto y en dejar esa huella para la posteridad.
Y quizá habría que pensar en algo más que la propia instalación deportiva. Bien se podrían utilizar los terrenos a su alrededor y el propio estadio Cranshaw, para la edificación de un centro comercial fuerte y quizá hasta un hotel, que daría un mayor atractivo a una zona cada vez más sola.
Sé que se dirá que no hay dinero (nada nuevo), pero lo más preocupante es que no haya visión en quienes toman decisiones que nos afectan a todos. Cuando las ideas se plasman en un proyecto bien formulado, se analizan todos los factores y se confirma su viabilidad, el dinero surge de algún lado.
Un estadio serio, con un centro comercial fuerte a su alrededor, un hotel con todos los “fierros” y parqueo seguro, no solo haría más atractivo el beisbol, sino que le cambiarían la cara a Managua y permitiría sacudirnos ese complejo de “no se puede” que ya hastía, y que hasta nos lo hemos creído.
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