En la Iglesia estamos viviendo el tiempo litúrgico del Adviento que se caracteriza por la esperanza, a la que nos anima la Palabra de Dios en el Antiguo Testamento por medio del profeta Isaías, y por una actitud de preparación para el encuentro con Cristo presente ya entre los hombres.
Diciembre, para los nicaragüenses, está marcado por actividades religiosas de mucha importancia para la vida de fe de nuestro pueblo. El pasado 2 de diciembre nos encontramos en la bella ciudad colonial de Granada con nuestros obispos de la Conferencia Episcopal, gran número de sacerdotes de todo el país, representaciones de las diferentes diócesis de Nicaragua y las parroquias que conforman los tres departamentos de la Diócesis de Granada (Rivas, Granada y Boaco), con sus santos patronos, para iniciar el año de nuestro encuentro con Cristo en la Eucaristía.
En este ambiente festivo no olvidemos nuestra responsabilidad permanente de prepararnos para el encuentro personal con Cristo, dice Juan el Bautista: “En medio de ustedes hay uno al que ustedes no conocen” Jn 1,26. Hoy se trata de un desconocimiento por apatía donde amplios sectores de nuestras comunidades tradicionalmente religiosas desconocen a Jesucristo en su realidad de Dios hecho hombre, en su mensaje evangélico, en sus exigencias morales y santificadoras, y sobre todo se desconoce el seguimiento de un Jesús crucificado y resucitado que da nueva vida a quien se deja tocar por Él. El llamado sigue siendo el mismo, busquen a Cristo Jesús que se encuentra entre ustedes.
Tenemos como tarea revangelizar a nuestro pueblo, sus celebraciones y tradiciones para que nos encontremos con el Jesús Hijo de Dios y Salvador del mundo. La nueva evangelización requiere la participación de todos asumiendo la responsabilidad de fe que cada uno tiene para que lleguemos con la Buena Nueva a las familias, las pequeñas comunidades, los movimientos de vida apostólica y las diferentes estructuras sociales que necesitan ser evangelizadas para que juntos nos ayudemos a erradicar el indiferentismo que tiene prisioneros a tantos hermanos.
La figura profética del bautista, el mayor profeta de entre los nacidos de mujer, debe ser un modelo a imitar, el hombre que habla la verdad y lo arriesga todo por ella, el hombre que dijo conviene que yo desaparezca para que él surja, el hombre que se despoja de todo para que nada le impida anunciar la llegada del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el verdadero profeta que habla por iniciativa divina, en nombre de Dios para iluminar a las almas y promocionarlas para la conversión y la salvación.
Juan nos propone cambios concretos en la vida de cada uno, los cuales se deben realizar después de una sincera reflexión a la luz de la palabra de Dios que nos conduzca a transformar lo dañado por el pecado en nosotros, se trata de volver nuestros pasos hacia Dios con alegría para recibir el abrazo del Padre que espera por nosotros y que con nosotros quiere transformar las injusticias y falta de amor entre los hombres del mundo de hoy.
Con alegría vayamos al encuentro del Señor que nos aguarda en el Sagrario de nuestras parroquias, en la lectura de su palabra y en la comunión con nuestros hermanos, particularmente los más pobres y necesitados. El autor es sacerdote, director de Cáritas de Nicaragua
Tenemos como tarea reevangelizar a nuestro pueblo, sus celebraciones y tradiciones para que nos encontremos con el Jesús Hijo de Dios y Salvador del mundo.
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