Sergio Ramírez

Un inmigrante malagradecido

Un niño extranjero, proveniente de un país remoto llega inesperadamente a los Estados Unidos, y como otros tantos que atraviesan clandestinamente sus fronteras, es un inmigrante ilegal. Llega solo, sin sus padres, que han muerto en un cataclismo; sin embargo, tiene la buena suerte de caer en manos bondadosas, la de una pareja de granjeros de un pequeño pueblo rural, Smallville, y pasa a llamarse Clark Kent, el hijo mimado de los señores Kent. Tiene una infancia feliz, crece sano y sin vicios, y se hace periodista de El Planeta, el gran rotativo de la ciudad de Metrópoli, algo así como Nueva York.

Pero este muchacho sencillo y tímido, tiene una doble identidad, y llega a ser famoso en el mundo entero por razones muy especiales, las de sus superpoderes. Siempre que se entera de que está a punto de cometerse un delito, o de que alguien amenaza a su patria adoptiva, se oculta de la vista de los demás y en un segundo deja sus ropas corrientes para aparecer vestido con su uniforme de combate que tiene los colores azul y rojo de la bandera de su país. No solo puede volar raudo por los aires, sino que su vista atraviesa las más gruesas paredes o puede sostener un puente a punto de derrumbarse. Es el hombre de acero, capaz de enfrentarse solo a una legión de malandrines, a los que derrota siempre. Ya habrán descubierto hace rato que estamos hablando de Supermán.

Supermán llega a la tierra en una nave espacial, procedente del lejano planeta Krypton, que estalla tras su partida, en el año de 1932, que es cuando la historieta creada por Jerry Siegel apareció por primera vez. Se trata, por tanto, de un personaje longevo, que ronda ya los ochenta años, pero que gracias a la magia que ilumina a los héroes de ficción, se mantiene siempre en plena juventud, sin riesgo alguno de envejecer o de morir.

En muchos sentidos ha encarnado los proclamados valores de los Estados Unidos, y la lucha por la justicia, la democracia y la libertad. Otros dirán que ha representado al sistema y defendido sus valores conservadores. Ha sido un inmigrante leal, el ciudadano ejemplar que jamás transgrede el credo establecido por los padres fundadores. Y es un ejemplo ideal para la juventud; no fuma, no bebe, no consume drogas, es monógamo; la inefable Sara Palin, antigua reina de belleza de Alaska, y cualquiera de los halcones del Tea Party encontraban en él al cabal representante de los Estados Unidos tradicionales. Ya no más.

Este año, en el número 900 de la revista donde aparecen sus aventuras, Supermán declara, decepcionado, que está harto de ser utilizado como instrumento político, y se prepara para anunciar delante de la Asamblea General de las Naciones Unidas que renuncia a la ciudadanía de los Estados Unidos. Según sus palabras, escritas en el globito del respectivo cuadro de la historieta, “la verdad, la justicia y el estilo de la vida americano ya no son suficientes”. Así se lo expone al Consejero Nacional de Seguridad de la Casa Blanca.

Los tiempos han cambiado. Y en lugar de un superhéroe que deshace entuertos dentro de las fronteras de su país de adopción, donde es tan popular y representativo como las mazorcas de maíz dulce en las ferias y los rodeos, o como el pastel de manzana de los almuerzos familiares, y los hot dogs en los estadios de béisbol, Supermán siente que pertenece ahora a la era global. “El mundo es demasiado pequeño y está demasiado conectado”, dice. En un episodio anterior se ha hecho presente en una manifestación en contra del régimen de Irán en la plaza Azadi de Teherán, a la que concurre un millón de personas; los ayatolas consideran su presencia una agresión de parte de Estados Unidos, y el Departamento de Estado no la ve conveniente por razones diplomáticas. Por eso, ahora quiere ser independiente y no correr el riesgo de cualquier confusión política para que no se le identifique con el gobierno de turno en Washington.

Lo que opine un personaje de mentira, obra de un guionista y de un dibujante, no debería perturbar a nadie. Pero la derecha ultraconservadora de los Estados Unidos no lo ha visto de esta manera, y se lo ha tomado en serio. Mike Huckabee, aspirante a la candidatura presidencial del Partido Republicano, declaró a la cadena Fox de televisión, que no se trata de un asunto banal. “Es preocupante que Supermán, que siempre ha sido un ícono estadounidense, ahora diga que no será más un ciudadano estadounidense. Eso forma parte de una tendencia mayor en la que los estadounidenses prácticamente piden disculpas por pertenecer a este país”.

Otra vocera de la línea dura republicana, Angie Meyer, afirmó, siempre en la cadena Fox, que este gesto tan poco noble de Supermán representa una absoluta falta de patriotismo y respeto para el país que un día le dio acogida, y una “inquietante metáfora del actual estatus económico y de poder que tiene el país en el mundo”. Es decir, un país debilitado en la credibilidad de su poderío militar y económico, al que el traidor y malagradecido Supermán prefiere renunciar.

Bill O'Reilly, conductor del programa The O'Reilly Factor, que se transmite por la misma cadena Fox, tampoco se quedó callado, y dijo solemnemente que con ese tema no se juega. Y en el blog del Tea Party se lee textualmente: “Supermán ahora dice que renuncia a su ciudadanía estadounidense y que será solamente ciudadano del mundo. Es muy socialista de parte de Supermán eso de querer un mundo socialista con gente como Obama timoneando este movimiento”.

La madre del cordero, está allí visible. Obama. Sus furibundos adversarios cavernícolas lo consideran igualmente un personaje de historieta, y nunca han perdonado que un ciudadano de raza negra, y por eso tan alienígena como Supermán, tal si igualmente hubiera llegado de las galaxias donde explotó el planeta Krypton, se haya colado en la Casa Blanca. Ahora quieren exigirle al presidente que pruebe que efectivamente nació en los Estados Unidos, y no en Kenya, si quiere ser candidato otra vez. Es decir, que no nació en Krypton.

El enemigo más acérrimo de Supermán se llama Lex Luthor. En algún número de la historieta este redomado villano ya ha alcanzado la presidencia de los Estados Unidos, gracias a sus malvadas artimañas. Un candidato perfecto para oponerlo a Obama en las próximas elecciones presidenciales. El autor es escritor. Guadalajara, diciembre 2011.

COMENTARIOS

  1. jincho vivo
    Hace 15 años

    bienaventurados los gringos (los originales y los caitudos) que se pueden dar el lujo de esos pleitos, nosotros por aca si acaso, podemos hacer una parodia de personajes de ficcion y la presidencia, que seria algo asi como estar entre el capitan cavernicola y el capitan caos…

  2. Sancho Panza
    Hace 15 años

    ¿Por qué cuando de trata del presidente Obama siempre dicen que es negro y no mulato?¿No es ésto otra forma de racismo barato?. O es que acaso la sangre blanca no se trasmite ni vale nada. Cosas veredes, Sancho amigo.

  3. manuel blandon
    Hace 15 años

    La acogida que tuvo inicialmente Obama fue un espejismo de la democracia; para demostrar que en un pais como los Estados Unidos, cualquier persona nacida en territorio norteamericano puede llegar a ser presidente, sin importar el color de la piel. Ese espejismo no duro mucho tiempo, y practicamente no lo han dejado gobernar; pues los Republicanos se estan oponiendo a toda medida, y aun estar reviertiendo algunas como ObamaCare. EEUU no estaba preparado para tener un presidente de raza negra.

  4. no todo es fake en nic hay un escritor bueno
    Hace 15 años

    que riqueza como narra y escribe. me gustaria que hiciese una ficcion el porque nicaragua esta en las garras de una bruja y a quien realmente idolatra este pais; a una escultura de yeso que le pusieron maria o a una celebracion donde todos gozan sin distigo de diferncias politicas y porque no mjor hacer un dia especial para Dios y ese dia alimentar a los pobres vestir al desnudo y pedir a Dios limpie de la inmundicia que viste nicaragua. se lo agradeceria. eres un segundo ruben dario

  5. J. M. Fajardo C.
    Hace 15 años

    No es una obligación “Reelegir Presidentes”

    Todos los ciudadanos nacidos en los EEUU, indistintamente de su raza, color, religión, tienen derecho a ser presidentes en dos ocasiones sucesivas. Así lo establece su constitución política, las leyes, derechos y libertades. Los norteamericanos son respetuosos de su constitución y ejemplo de justicia, libertad, democracia. No todos los presidentes son reelectos. Rechazar una reelección es un “Derecho Ciudadano” cuanto más si no llena

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