Por Génesis Hernández
Incertidumbre total, eso es lo que siente la mayoría de las 21 familias que habitan en la bodega uno del albergue Gadala María, ubicado en el Distrito Dos.
Flor de María López Plata es una de las 385 personas que viven en este albergue improvisado desde hace casi catorce meses. Ella comparte con su esposo y sus dos hijos un reducido espacio de aproximadamente 10 metros cuadrados cubierto con plástico negro donde han intentado establecerse.
“Pero es difícil, estar aquí es horrible. Si uno queda viendo al vecino ya piensan que es para pelear, si yo dejo medio abierto mi pedacito, me roban y quedo sin lo poco que tengo. Yo ya no quiero estar aquí”, expresa.
En el lugar hay un perenne mal olor y un hacinamiento total. Las autoridades los proveen de alimentos y leche, pero según la señora López eso no da abasto. “Mi marido trabaja de ayudante de chatarrero y a veces trae 50 o 30 córdobas diario y así vamos” dice esta exhabitante del barrio Manchester, quien sigue esperando que alguna autoridad le diga cuándo serán reubicados en un lugar mientras el gobierno se alista para celebrar purísimas en los refugios.
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