Ricardo Trotti

Las sandalias del sanador

En coincidencia con la celebración en Estados Unidos del Día de Acción de Gracias me reencontré en Boston, después de casi 30 años, con un amigo muy especial, el cardenal Sean Patrick O’Malley. Pese al calor o la nieve, y a su investidura, sigue llevando su túnica de fraile capuchino y calzando unas humildes sandalias de cuero marrón, como las que usaba cuando era director del Centro Católico Hispano en Washington.

Recordamos mucho. Me comentó con orgullo que amigos con los que conviví a principios de los ochenta en la Casa Galilea, una residencia preseminario que él regentaba, siguieron su vocación religiosa. Moisés está ahora en la parroquia de Sagrado Corazón en Washington y Adalberto es obispo de San Pedro en Paraguay.

Le agradecí por aquellas vivencias, por permitirme acompañarlo en sus visitas a los más necesitados, por el trabajo en la Capilla Latina y por los varios eneros que lo seguí frente a las escalinatas de la Suprema Corte de Justicia, para protestar contra la legalización del aborto. También por su comprensión, porque sabiendo de mi rechazo al celibato, me ayudó a encontrar otro tipo de vocación. Fue mi mentor en el periodismo, dándome trabajo en El Pregonero, un periódico de noticias generales que creó para la comunidad hispana. Ahí me impregné de los valores que él creía sustanciales para la misión de informar: buscar la verdad con tenacidad, dar voz a los que no la tienen y practicar una ética rigurosa.

Nos desconectamos cuando lo trasladaron como obispo a las islas Vírgenes, y después de darle trabajo a mi esposa en el periódico Catholic Standard, ayudarnos con los trámites migratorios y bautizar a nuestro hijo mayor. Mucho después supe que debió postergar su vocación misionera cuidando pobres y sidosos, para abrazar una misión aún más dolorosa. En el 2003 el papa Benedicto XVI le encargó restaurar la Arquidiócesis de Boston tras los repulsivos escándalos sexuales provocados por sacerdotes pederastas y sanar las heridas de miles de víctimas abusadas sexualmente.

Debido a su humildad, magnetismo y conexión con la gente no tengo dudas que Sean hubiera preferido estar evangelizando y pescando vocaciones, a tener que arreglar asuntos internos. Pero por su firmeza, por ser el primer obispo en imponer una política de tolerancia cero, denunciar como criminales a los curas pedófilos y por limpiar las Diócesis de Fall River en Massachusetts y la de Palm Beach en la Florida, era la mejor opción para asumir la Arquidiócesis de Boston, tras la renuncia del cardenal Bernard Law, acusado de encubrir a los religiosos pederastas.

Ungido como cardenal en el 2006, su labor fue titánica. Aunque sigue en el proceso de restauración y sanación, arreglando juicios y vendiendo propiedades para pagar indemnizaciones, Sean restableció gran parte de la credibilidad de la Iglesia en Boston y hasta logró triplicar las vocaciones religiosas en los últimos años. En agosto pasado, y estricto en su prédica a los pederastas de que el abuso no solo es pecado sino crimen agravado, divulgó una lista con los nombres de 132 curas y diáconos pederastas en la página de Internet de la Arquidiócesis, con la intención de proveer “sanación adicional para aquellos que han sufrido de abuso sexual por parte del clero”.

Pese a su solidez, muchos todavía lo toman por liberal. La confusión fue mayor cuando ofreció en 2009 los servicios funerarios al entonces senador Ted Kennedy, recibiendo las críticas más acérrimas de los conservadores de la Iglesia, quienes insisten en que ningún político católico que avale o promueva el aborto puede recibir la Comunión u otros sacramentos.

Su trabajo no es fácil, en especial en una sociedad cada vez más secularizada, donde las enseñanzas de la Iglesia sobre la defensa de la vida desde la concepción y su oposición a los matrimonios entre homosexuales se observan como enfoques políticamente incorrectos.

Cuando nos despedimos y lo vi alejarse en su Toyota negra, con su barba plateada y hábito de capuchino, me acordé de aquel Ford pinto amarillo, medio destartalado, con el que recorríamos Washington. Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos; pero estoy seguro que cuando acabe su tarea de sanador, sus sandalias lo volverán a llevar por sus añoradas andanzas de pescador. El autor es periodista argentino,director de prensa de la SIP.

COMENTARIOS

  1. DenSo
    Hace 15 años

    SrTrotti,conozco personalmente al Cardenal Sean O’Malley,y creo que el es una de las personas mas extraordinarias que he conocido,un hombre de corazon muy grande en su busca por ayudar al projimo como pocas personas he visto

  2. Nacidos para servir al proximo
    Hace 15 años

    Sean Patric O’Malley fue en Washington DC un gran defensor de la comunidad hispana del area. La Capilla Latina se convirtio a mas de iglesia en una escuela por cierto con gran cantidad de alumnos adultos donde se imparte clases desde alfabetizacion, hasta equivalencia de educacion secundaria; ingles, ciudania, computacion.
    Hay sandalia que dejan huellas mejor marcadas que cualquier zapato de marca; O’Malley en Washington y Odorico D’Andrea en San Rafael del Norte son un ejemplo.

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