Escuché a don Fabio Gadea Mantilla, en el Canal 2, explicando que fue él quien les pidió a los diputados electos del PLI que asumieran su puesto en la Asamblea Nacional.
La razón que brinda don Fabio es que dice que estos diputados se “ganaron” ese puesto, mientras que a él le robaron la Presidencia; y aceptar esa diputación —herencia del pacto Ortega-Alemán— sería aceptar que él ocupa el segundo lugar después de esta contienda electoral, cuando nacional e internacionalmente se sabe que, de no ser por el fraude, don Fabio sería el presidente electo.
Creo en don Fabio y entiendo que lo que dice está de acuerdo a una estrategia “política” de su grupo; sin embargo, desde mi perspectiva de ciudadana común y corriente, de quien este gobierno se ha burlado, asumir esas diputaciones, sería profundizar en los vicios de la nefasta cultura política nicaragüense. En otras palabras, estos diputados electos, al asumir los curules que decidió no quitarles Daniel Ortega, no están actuando distinto de lo que ya se conoce en la política criolla, a saber; el acomodo, la negociación, el yoquepierdismo y el ceder ante el poderoso.
No catalogo a don Fabio como un caudillo, sino más bien y a pesar de sus años, como un líder moderno, él sabe escuchar y recibir consejos, y no pretende ejercer su voluntad a la fuerza; por tal motivo —y le pido perdón a don Fabio si me excedo en mi apreciación— no creo eso de que él les ha dicho a sus diputados que tomen sus puestos; más bien, creo que él ha sido abierto y les habrá dejado en libertad de tomar su propia decisión.
Lo importante para mí, es que don Fabio, el líder de la oposición, ha dicho que no acepta la diputación y que no reconoce estas elecciones; lo que hagan los diputados, ya es tema aparte y entiendo que habrá mil razones políticas y motivos mundanos, que justifiquen su presencia en la próxima Asamblea Nacional. Como ciudadana, igual que no reconozco a Daniel Ortega como presidente, tampoco reconoceré a estos diputados del PLI, aún y cuando haya votado por ellos.
No creo en lo que muchos denominan la lucha “desde adentro”, más bien pienso que es desde afuera, con una nueva propuesta que pueda convencer que es mejor de lo que hasta ahora se tiene, que se lograría unir voluntades para construir un mejor futuro. Es cierto que es una lucha desigual, pero tiene el poder de la razón, de la verdad, de la justicia, de la dignidad. Jamás he comprendido el concepto de que para terminar con la corrupción y con la basura, hay que meterse en ella. Coincido totalmente con la opinión del doctor José Luis Medal, autor de un artículo excelente publicado en LA PRENSA, en días recientes, en el que le dice cuatro verdades al Cosep y además opina que los diputados de la Alianza PLI no deben de asumir sus escaños. Sabiamente agrega: “No debe de crearse un nuevo zancudismo, lo que también requiere que terminen de desaparecer, el PLC, PC, ALN y Apre”.
Debo de confesar que de ser otras las circunstancias, quizá habría comprendido cualquiera de las razones que se esgrimen para que los diputados del PLI asuman sus curules; sin embargo hay una sola razón que para mí es determinante para decir: No; y es el asesinato de los campesinos de El Carrizo. No acepto que sea su sangre la alfombra roja sobre la que caminen los diputados de la próxima Asamblea Nacional. La autora es psicóloga
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