Jeniffer Castillo Bermúdez
Lejos de desarrollarse entre el arte de idear edificios o diseñar carreteras, Ronaldo Gutiérrez Murillo trabaja en un call center desde hace seis meses.
Gutiérrez Murillo, de 24 años, es arquitecto de profesión, pero la falta de los “cinco años de experiencia” que solicitan en las empresas, organismos o instituciones para emplearlo lo tiene sin trabajo.
Para Gutiérrez no todo es malo. En 2009, cuando culminó la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), ingresó a una empresa donde consiguió desempeñarse como arquitecto por un salario que no superaba los 2,000 córdobas mensuales. Esta situación duró cinco meses.
El Informe de Desarrollo Humano 2011 resalta que entre más años de escolaridad tienen los jóvenes y adolescentes mejores son los ingresos económicos.
No obstante, en el país apenas el 11.7 por ciento de la población joven tiene un grado universitario y el 5.3 por ciento no tiene ningún año de escolaridad.
Leonel Pérez Lainez, especialista en investigación económica y estadísticas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dijo que si el país no impulsa nuevas políticas públicas en materia de educación o arrecia las ya existentes, el alcance del desarrollo humano y económico del país no se conseguiría pronto.
En ese sentido, Pérez dijo que se debe aprovechar el denominado bono demográfico. Para el 2020, según el Inide, la población juvenil ascenderá a 1.4 millones.
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Luego ingresó al call center, uno de los tantos que hay en Managua. Ahí devenga hasta 12,000 córdobas al mes porque habla inglés.
“Te matás estudiando y cuando salís te dicen que no tenés la suficiente experiencia… no tenés asegurado un trabajo cuando salís de la carrera y lo que más molesta es que tenés que hacer otra cosa”, lamentó Gutiérrez.
Esta situación mantiene en el desempleo al 31.7 por ciento, según resalta el Informe de Desarrollo Humano 2011.
La cifra es del 2008, cuando habían 1,834,221 adolescentes y jóvenes.
Ese mismos año, el 59.4 por ciento de los jóvenes y adolescentes que trabajaban lo hacían en el sector informal y en la Costa Caribe la cifra de trabajadores informales era del 78 por ciento.
Reynaldo Martínez es uno de ellos. Con 22 años trabaja como despachador de uno de los tramos del mercado Oriental, en Managua.
Leonel Pérez Lainez, especialista en investigación económica y estadísticas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señaló que “los jóvenes de hoy están mejores calificados, pero tienen menos oportunidades de insertarse al mercado laboral”.
El desempleo de las generaciones jóvenes es 2.3 veces mayor que el de los trabajadores adultos, de acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano en Nicaragua.
CUESTA Y NO SE APROVECHA
El sueño de Doana Carrillo, de 18 años, es conseguir un puesto de trabajo antes de terminar su carrera porque después “es más difícil”.
Para esa tarea solo dispone de dos años más. Actualmente cursa segundo año de Mercadotecnia en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).
Ella es la mayor de dos hermanos. Su mamá es subdirectora de una escuela pública en Managua y gana cuatro mil córdobas al mes.
“Con lo poco que gana (su mamá) se trata de aprovechar. Lo importante es estudiar y aprovechar el tiempo y esfuerzo, aunque después en los trabajos te dicen: te llamamos después”, dijo Carrillo quien afirmó que buscará una plaza en alguna empresa privada para realizar una pasantía en mercadeo.
Cada año egresan entre 45,000 y 50,000 bachilleres de las escuelas de secundaria, pero solo cerca de 27,000 consiguen un cupo para ingresar a la educación superior del país.
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