Represión selectiva
En esta fase de imponer a Daniel Ortega se observan acciones selectivas para contener, detener y castigar la actuación política del rechazo al fraude electoral.
Esta estrategia de represión puntual ha cobrado varias vidas, la apuesta consiste en que la libertad de expresión se confine y se acepten las trampas y la oscuridad de los resultados electorales.
Está por verse si veinte años de libertad de expresión del pueblo nicaragüense se rendirán ante la violencia del abuso y la arbitrariedad de quienes han tirado al abismo por segunda vez un proceso electoral.
En la fase anterior a la represión selectiva la tarima de actuación era el Consejo Supremo Electoral, hoy día son personas relacionadas con las instituciones responsables de la seguridad del país.
Esto trae a la memoria hechos como las muertes de los principales jefe de la Contra posterior al proceso de paz, o el temor a ser objeto de un montaje que termine en un proceso judicial y con una sanción previamente establecida.
Sigue siendo el blanco de estas actuaciones el pensamiento y las emociones de cada nicaragüense que tiene como producto final la aceptación de un proceso lleno de artificios y falta de trasparencia disfrazada de legalidad
Estos actos de represión selectiva buscan eliminar la parte crítica de la población y lograr que la población sea y actúe sumisamente ante la presión de los danielistas.
La protesta pacífica enfrenta una situación difícil de que no sabe qué conducta seguir cuando se presentan grupos de choque del danielismo, porque enfrentarlo incrementaría el índice de violencia y es el resultado no deseado.
Sí es claro que el camino es mantener las protestas pacíficas por parte de las personas que rechazan las oscuridades de este proceso electoral y retirarse cuando lleguen las grupos de choque del danielismo y retornar a los lugares de protesta cuando se retiren, en el caso que se mantengan en el lugar buscar otros escenarios seguros para continuar la protestas pacíficas.
El planteamiento es mantener nuestro derecho a la libertad de expresión sin caer en situaciones de violencia que limiten nuestra capacidad de actuar en defensa de la legalidad del país.
Luis Barrera
Arbitrariedades en proceso electoral
Como ciudadano consciente del deber y derecho de mis compatriotas nicaragüenses a elegir a nuestras autoridades y el mío, en igualdad de condiciones, me siento terriblemente frustrado e indignado por el enorme retroceso que significó para mi patria la forma como fue planificado, puesto en marcha y finalizado el proceso electoral. Hubo anomalías que personalmente pude palpar, como también las que algunos medios de comunicación han mostrado, que lesionaron esa “igualdad de condiciones”. Afirmo sin temor a dudas: hubo fraude antes, durante y después del momento de la votación.
En las elecciones de 1996 a 2006 después de votar nos íbamos a la casa a descansar con la confianza de que todos los votos se contarían escrupulosamente, porque la igualdad de condiciones era respetada, la observación nacional e internacional estaba atenta desde seis meses antes de la elección y participaban muchísimos organismos sin impedimento alguno, no fue negada a nadie, además todos los partidos tenían sus fiscales acreditados y eran respetados.
Desde ya algunas anomalías: ahora, no se acreditó a algunos organismos de observación nacional, solo porque pedían transparencia del proceso electoral desde su inicio, acusándoles de parcialidad. Tampoco se acreditó a varios fiscales de la oposición. Ese día, muchos nicaragüenses tuvimos que estar pendientes del cierre de las Juntas Receptoras de Votos porque temíamos que no fuera respetado el voto de cada ciudadano. De hecho ni eso logró que se respetara, en muchos centros de votación. Gracias a Dios, en mi pueblo hubo respeto a la voluntad popular.
Desde ahora dejo claro que, aunque el proceso electoral hubiese sido transparente —que no lo fue— Daniel Ortega no es el presidente legítimo y legal de Nicaragua porque su candidatura estaba prohibida según la Constitución en su artículo 147 y, por tanto, su elección de igual manera. Él impuso su candidatura por medio de “sus magistrados” en la Corte Suprema de Justicia que, sin atribución legal explícita dada por la Constitución, declararon “inaplicable” dicho artículo constitucional.
El porcentaje que le asigna el Consejo Supremo Electoral al Frente Sandinista, partido de Daniel Ortega, es muy dudoso, por tantas irregularidades, anomalías y arbitrariedades durante el proceso electoral. Luis Antonio Masís Velásquez
Democracia o autoritarismo
Los regímenes autoritarios se caracterizan por tener instituciones frágiles que promueven la desigualdad y son excluyentes con los ciudadanos. De ahí mismo parte la primicia que los gobernantes desprecian las leyes y manipulan la Constitución para reelegirse sin importar la verdadera opinión del pueblo.
La democracia participativa se quiere imponer por encima de la representativa cuando sabemos que con esta fórmula se promueve un relajo público de intenciones, es decir una torre de Babel. Esto no es más que una fachada o una máscara para hacer creer que el público participa cuando en realidad ya todo está decidido y amarrado desde la cima donde despacha el tirano.
También vemos que los diferentes poderes del Estado pierden su identidad como su dignidad al someterse ciegamente al caudillo permitiéndole controlarlos para sus únicos fines de lucro y ansias de aferrarse al poder para siempre. De igual forma conspiran para infiltrarse en la educación con el fin de esclavizar mentalmente a la juventud y convertirla en fanática para que vea y trate como a un dios al gran líder supremo. Se infiltran en la economía para desplazar a los capitales y convertirse en grandes monopolios y controlar la totalidad de la economía.
En una verdadera democracia los pueblos tienen derecho de cambiar libremente y sin represión a sus gobernantes cuando estos los han decepcionado, se respetan las libertades humanas y los derechos constitucionales, se gobierna para todos y por todos, de otra forma solo se genera la pobreza, la miseria y la corrupción. Estas características gustan mucho a los dictadores y regímenes que oprimen a su pueblo y le dan limosnas disfrazadas de fantasías y mentiras.
Hace pocas semanas la primera dama de la República afirmó que el socialismo del siglo XXI es el reino de Dios en la tierra. Además de ser esto una blasfemia, una herejía, una burla y una falta de respeto, es sobre todo una sentencia o condena para quienes no se replieguen a su ideología. Solo Dios puede salvarnos de semejante barbarie.
Marlon José Navarrete Espinoza.