Por Edgard Rodríguez
Bastante agua ha pasado bajo el puente desde la primera vez que Vicente Padilla aterrizó en Culiacán, para unirse al staff de lanzadores de los Tomateros, en la Liga Mexicana del Pacífico.
Era el 2001 y Vicente era un vigoroso muchacho de 23 años, armado con una recta que se arrimaba a 100 millas, pero carecía de la malicia y astucia que solo el juego y el tiempo proporcionan.
Hoy, Padilla regresa a los Tomateros, con 34 años, una decente carrera en las Ligas Mayores, pero con un historial de lesiones que han bajado su valor. Más que eso, llega para demostrar que aún tiene cuerda en su brazo.
Bajo su faja hay 104 triunfos en las Grandes Ligas y un total de 1,070 ponches. Dos campañas de 14 victorias en Filadelfia y una de 15 con los Rangers, más un viaje al Juego de Estrellas, justo después de pasar por Culiacán.
Sin embargo, siempre nos ha quedado la impresión, de que Vicente no explotó todo el potencial que tenía, a pesar que en muchas ocasiones vimos chispazos de la grandeza que se le prodigó por especialistas del beisbol.
Pero por el pasado no hay nada que hacer. Así que lo esencial será lo que puede hacer ahora con los Tomateros, equipo al que ayudó a ser campeón en el 2001-02, cuando incluso ganó dos de cuatro juegos en la Final.
El solo hecho de que Vicente esté de regreso al box, es una buena noticia. Según expertos en el tema, nadie ha regresado en el beisbol tras el procedimiento médico que se utilizó con el nica cuando se le operó el cuello.
Pero Padilla cree que aún puede y tratará de demostrarlo en Culiacán, donde su carrera tuvo su primer gran impulso a comienzos de la pasada década y espera que de nuevo sea su trampolín hacia las Ligas Mayores.
De modo que un nuevo ciclo en la carrera del nica está por iniciarse ahora.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B