Tania Sirias
El sábado 5 de noviembre, a las 4:50 p.m. llegaron las boletas al Centro de Votación (CV) 456. La coordinadora —cargo que se inventó para esta elección— recibió la orden del Frente Sandinista para que sacara a todos los fiscales, algo que nunca había ocurrido en los comicios anteriores de los últimos 20 años y junto con los presidentes de mesa y sus suplentes se encerraron durante más de una hora, sin permitirle a los fiscales verificar lo que ocurrió durante ese tiempo.
Al día siguiente, les entregan las credenciales a los fiscales del Partido Liberal Constitucionalista y otros partidos de la contienda, pero no a los de la Alianza PLI, principal oposición al Gobierno.
Durante el proceso de votación se introdujeron personas dentro de los locales de los Centros de Votación con cajas y materiales, se presume que eran para manipular los resultados a la hora del escrutinio.
En el CV 489, los miembros de la mesa estaban induciendo al voto a los ciudadanos que votaran en la casilla 2, del Frente Sandinista. En la JRV 3371, a ocho personas no les mancharon el dedo al salir y vecinos al lugar los señalan como sandinistas que harían doble voto.
Otras de las denuncias en estos comicios es que el voto no fue secreto, ya que en todos los Centros de Votación las urnas estaban colocadas de tal manera que era posible ver por quién se votaba.
Esta y otras pruebas son parte de un informe que realizó el Movimiento Renovador Sandinista, donde muestran pruebas de cómo se realizó el fraude más grande de la historia del país, por lo que hicieron un llamado a no reconocer los resultados y exigen que se realicen nuevos comicios en el país.
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