Hace unos días un canal de televisión presentó un programa en el que se entrevistaba a una pareja de turistas ingleses que había hecho un viaje en bicicleta desde Chile hasta Estados Unidos, armados con cámaras fotográficas y cámaras de vídeo.
La pareja contó de las peripecias en esos largos meses en los que recorrieron diferentes países. Relataban desde las veces que se les poncharon las llantas de las bicicletas hasta las ocasiones en que enfrentaron tormentas o vientos que les hacía difícil el avance.
Hasta mostraron un diario en el que apuntaban lo que más caracterizaba a los habitantes de cada zona. Contaron que vieron cocodrilos, monos, pájaros, hermosos caballos y pintorescos poblados con amigables habitantes. Casi al final de la entrevista, el periodista les preguntó qué había sido lo que más los había decepcionado de su largo viaje. No lo pensaron ni un segundo: La basura, dijeron. ¿La basura en todas las ciudades? Preguntó el reportero. No, la basura que había por todos lados en un país, especificó el hombre.
No sé por qué tuve un presentimiento que se trataba de Nicaragua. Me acordé de la gente tirando las bolsas por las ventanas de los autobuses y de los automóviles, de los cauces llenos de desperdicios y de las esquinas de las calles de los barrios con las bolsas abiertas de basura. Recordé ese olor a naranjas agrias que se desprende de los cerros de desperdicios acumulados por días en Managua y también me vino a la memoria las infinitas veces que se anunciaban con bombos y platillos las famosas campañas para eliminar los botaderos.
Aseguraron que el país más limpio visto había sido Costa Rica y que disfrutaron mucho el paseo por esa nación que se interesaba por el medioambiente. Yo me dije: Ahora sí. Aquí viene. Cerré los ojos y quise taparme las orejas.
En efecto, afirmaron que pasando la frontera de Costa Rica a Nicaragua, todo comenzó a cambiar. “Nicaragua es un hermoso país”, dijeron para mi alivio “pero no pudimos tomar ninguna foto decente, porque el paisaje se veía lleno, lleno de basura”.
En el vídeo mostraron a los lados de la carretera los promontorios de basura con bolsas de supermercados, botellas plásticas y diversos envoltorios de comida. Luego apareció la estación de autobuses que lleva a San Juan del Sur. El estacionamiento era un gran charco de agua putrefacta con las benditas bolsas plásticas, envoltorios y recipientes nadando por todos lados.
Mostraron el mercado de Granada donde, a cada paso, aparecía una bolsa de basura, moscas, algún trozo de cartón y hasta trozos de papel higiénico. De Managua destacaron las fotos de los innumerables basureros ilegales. Para mí que no he estado en Nicaragua por mucho tiempo, esto fue un golpe muy fuerte a mi orgullo nica.
“Decidimos salir de Nicaragua cuanto antes”, lamentó la mujer. “No podíamos soportar ver cómo sus habitantes y su gobierno acaban con el país”, expresó el esposo. Tras apagar la televisión, concluí que para las personas que ese día vieron esa entrevista, Nicaragua sería el país del nunca jamás poner un pie. El autor es periodista y escritor
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