El mapa político nicaragüense ha cambiado con los resultados del Consejo Supremo Electoral.
El Frente Sandinista logra la mayoría calificada en la Asamblea Nacional, y con ello el control absoluto de todos los poderes del Estado.
El Partido Liberal Constitucionalista dejó de ser la paralela acompañante, renace una nueva fuerza, el PLI, que esperamos sea más trasparente y comprometida con sus votantes en su actuación, a diferencia de la fenecida ALN.
El triunfo del Frente debería llevar a los partidos políticos y a sus líderes a poner su barba en remojo.
Sería bueno que cada uno de los partidos políticos comience por pensar en el relevo generacional.
Sin duda, hay gente que tiene visión de país en el Partido Liberal Constitucionalista, es tiempo que pasen a jugar un papel más determinante, si lo quisieran, claro está.
Arnoldo debería renunciar, puede que el FSLN le haya quitado votos, pero más aun el descrédito y el pacto por las actuaciones del mismo Alemán, a fin de cuenta, si el capo del partido pactaba, qué mas les daba a los alcaldes y concejales del PLC hacer lo mismo sabiendo que con esto beneficiarían a su electorado y sobrevivirían políticamente.
El PLI, conformado por diferentes corrientes, también debería resolver esas diferencias y comenzar a fortalecer su liderazgo con sangre nueva.
La falta de unidad y coherencia interna también les afectó, en el estado actual no son creíbles, una cosa es darle el voto y otra querer pertenecer a sus filas.
Es la fortaleza orgánica la que permite ganar una elección.
La oposición debe buscar cómo ganarse la confianza del pueblo, que la ha perdido porque en su mayoría son líderes de tribuna que se acercan a la población cuando necesitan de ellos, y cuando están en el poder se olvidan.
En cambio, Daniel Ortega ha desarrollado toda una estrategia para ganarse a la población. Que sea cuestionada la forma, porque usa los recursos de la cooperación venezolana que deberían pasar por la Asamblea Nacional, es cierto, pero lo que vale es que la población, que en un 75 por ciento vive en situación de pobreza, siente los beneficios a través de los diferentes programas lo que llevó a captar a una gran cantidad de independientes e incluso partidarios de los otros partidos, y por ahí, aparte de los cuestionamientos de los procedimientos antes y durante la votación, él obtuvo más votos.
La legalidad, si bien es muy importante en un contexto democrático, no es algo que pareciera, por ahora, preocuparle a la población, a fin de cuenta todo lo que hizo el Frente y el Consejo Supremo Electoral es porque los partidos de oposición se lo permitieron. Ahora que no vengan a llorar lo que no supieron defender y tampoco es hora de discursos incendiarios.
La ALN, me refiero a los restos que quedaron de lo que era en el 2006, recibió lo que se merecía, su actuar era más que vergonzoso, se les dio una oportunidad para que trabajaran por la población y solo mostraron su ambición desmedida por beneficiarse ellos a costa de sacrificar hasta su propio decoro.
La actual oposición debe dar muestra de que es capaz de unirse, de poner los intereses nacionales por encima de los partidarios, de establecer programas y prácticas más cercanas a las necesidades de la población.
Es hora de reflexionar sobre lo que les llevó a la derrota y definir la estrategia para construir una Nicaragua democrática tanto en términos políticos como económicos.
Será el partido que ofrezca esta opción el que tendrá más posibilidades de alcanzar el poder en futuras elecciones en sus diferentes modalidades.
El autor es sociólogo.
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