Expongo sinceramente que me lastima la suma de ilegalidades que hemos estado viviendo durante los últimos años, a partir del 2008. En verdad, es evidente que esta situación sitúa a Nicaragua en una región donde los atropellos a la Constitución Política es “pan nuestro de cada día”, siendo los responsables directos los funcionarios que están obligados a la observación estricta del cumplimiento sin reserva alguna de lo que ordenan las leyes y sus reglamentos.
Cuando se conoció el fraude electoral que dejó como resultado la burla que sufrieron los alcaldes electos con absoluta mayoría de votos e inmediatamente después de las elecciones aludidas los hicieron aparecer como perdedores, fueron encargados de esta maniobra, autoridades conformadas de los consejos electorales departamentales y la máxima autoridad de rango constitucional, el Consejo Supremo Electoral.
Y como jurista fervoroso a tiempo cabal de la legalidad y entusiasta jurídico del deseable Estado de Derecho hago uso de lo que facilita nuestra Constitución Política, como es “denunciar anomalías y hacer críticas constructivas”. Se ha vulnerado la protección del bien jurídico que protege y respalda a la ciudadanía nicaragüense, a la garantía de respetar su voto , pues el Consejo Supremo Electoral tiene señalamiento grave, magistrados con términos vencidos del período del que fueron electos. Complementado con la celeridad de las actuaciones de los magistrados de apelaciones de Managua y de la Corte Suprema que resolvieron sin pudor alguno, el día 19 de octubre del pasado 2009, un culto a la ilegalidad y a la soberbia al declarar sin valor alguno los artículos 147 y 178 de la actual Constitución Política, abriéndole esto las puertas al señor Daniel Ortega para presentarse como candidato del FSLN en estas elecciones y ya “triunfante”.
Aquí surgen varias interrogantes que permiten definir respuestas de conveniencias de acuerdo con el amor a Nicaragua y por lo que determine la conciencia de todos los burlados electores en las pasadas elecciones del domingo 6 de noviembre de 2011.
Finalmente, concluyo este artículo con la esperanza próxima de un porvenir sociopolítico de muchos beneficios para nuestra Nicaragua, con el logro de una paz y una fraternidad en que tenga cabida el respeto y el cumplimento de todo lo que confirme la legalidad que respalda el conjunto de leyes en ejercicio, y apartar el miedo y tener la confianza que Dios nos brindará su protección.
Bajo el telón, retomando la frase del inolvidable y admirable papa Juan Pablo II “¡No tengáis miedo! sois amados por el Señor y su amor os precede y acompaña siempre: su victoria es garantía de la nuestra!” Tomémoslo como un mensaje reconfortante y muy necesario, un espaldarazo para los cristianos que amamos y tenemos devoción por nuestra amada Nicaragua. Por tanto, leamos, meditemos y sigamos adelante procurando con hidalguía tener y vivir una democracia que respalde un Estado de Derecho y la seguridad de convivencia con nuestras garantías constitucionales.
El autor es Miembro de la Academia de Juristas y Ciencias Políticas de Nicaragua.
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