Por Carlos Mario Márquez
SANTA CRUZ CHINAUTLA, Guatemala/AFP
Sigfrido Vásquez madrugó este domingo y caminó una hora desde su aldea hasta el centro de votación en Santa Cruz Chinautla, al noreste de la capital guatemalteca, con la conciencia de que acudía a un ritual cívico, pero poco convencido de que le signifique un cambio en su habitual vida de pobreza.
«Madrugamos a votar porque las elecciones son como un ritual donde debemos encender el fuego del bien con uno de los dos candidatos», declaró Vásquez, un indígena de 50 años, que envuelto en un abrigo negro desafiaba el intenso frío de la mañana en las afueras del recinto electoral. Hombre pequeño (1,50 de estatura) y de tez morena, características propias de su etnia, Vásquez comentó que las comunidades indígenas de Guatemala pasan «grandes necesidades», pero dijo no confiar en las promesas de los dos candidatos presidenciales de derecha de mejorar el nivel de vida.
«Con todo respeto le digo que ninguno (de los candidatos) hace nada bueno y se vota porque es un derecho, es una obligación que el ciudadano tiene», agregó Vásquez en tono de resignación. Unos 7,1 millones de guatemaltecos están llamados a elegir este domingo entre dos contendientes de derecha: el general retirado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP), quien ha figurado como favorito en los sondeos previos, y el empresario Manuel Baldizón, candidato del partido Libertad Democrática Renovada (Líder).
Ambos fueron los candidatos más votados en la primera vuelta de los comicios, el pasado 11 de setiembre. En Santa Cruz Chinautla, una comunidad enclavada en las montañas, entre bosques de pinos, donde deben sufragar poco más de 4.000 electores, los indígenas de la etnia maya Pocoman aguardaban turno vestidos con sus coloridos trajes tradicionales, comiendo papas o güisquil cocido (una verdura local).
Para los votantes de esta zona montañosa de Guatemala, la oferta de «mano dura» contra la delincuencia de ambos candidatos presidenciales dice poco respecto a otras necesidades, mucho más apremiantes. Más del 50% de los 14,3 millones de guatemaltecos viven en la pobreza, uno de los índices más altos del mundo, según las Naciones Unidas, pero medida dentro de la población indígena –cercana al 50% de la total– la cifra llega al 80%.
Un 49% de los niños guatemaltecos menores de cinco años padecen desnutrición crónica, según la misma fuente. «Lo más urgente para Santa Cruz Chinautla es que nos reparen el puente que se dañó al salirse el río», comentó Lucrecia Albertina Gómez, de 23 años, una de las primeras indígenas en presentarse al recinto de votación. Con su hija pequeña amarrada a la espalda con un «perraje» o manto y la mayorcita de la mano, Albertina hacía fila frente al centro de votación con su documento de identificación en mano.
Esta joven mujer explicó que dos puentes, uno que da paso a Santa Cruz de Chinahutla desde la Aldea Central, y otro en la plaza de la comunidad, colapsaron con las intensas lluvias de octubre. Para llegar a este empobrecido pueblo, a escasos 10 km de la capital guatemalteca, los vehículos deben sortear los deslaves que se produjeron en ciertos tramos de la carretera, en los que el paso está restringido a un solo carril y junto a profundas hondonadas.
Faustin Muyuz (48) dijo por su parte que las comunidades alrededor de Santa Cruz Chinautla precisan que les instalen un servicio de agua potable. «En este cerro (a un costado de la escuela pública) nace un importante ojo de agua y necesitamos que nos la lleven a nuestras aldeas, pero lamentablemente los proyectos se quedan en el centro de Chinautla», señaló.