Estamos llegando al final del año litúrgico, los textos sagrados nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el “fin” de toda existencia. Este fin es considerado no solo como la meta en que la vida adquiere realización sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda.
Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas. La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta las maravillas de la sabiduría. Esta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. Según este libro, es fácil poseerla, no hace falta mucha ciencia o cultura: muchas personas sencillas, de las que seguramente hemos conocido algunas en nuestras familias o comunidad, han tenido ese don de la sabiduría y han visto claramente lo que valía la pena en esta vida, mientras que otros que se creían sabios, por sus títulos académicos, no han dado con la clave justa malogrando sus energías y su vida.
Ha sido Jesús, en su parábola de las diez vírgenes, quien nos ha puesto ante el dilema. Las muchachas que no supieron estar atentas y preparadas para la venida del novio y no pudieron entrar a la fiesta, son tontas. Las otras actuaron con prudencia, porque además de ser doncellas se les pedía que fueran sensatas.
En la vida diaria un papá o una mamá desempeñan su misión con sabiduría cuando han comprendido que la necesidad básica de sus hijos no es tener cosas sino sentirse amados, escuchados y protegidos, dedicando tiempo para estar juntos. Se comportan como necios aquellos padres y madres de familia que dan respuesta positiva a todos los caprichos de sus hijos.
Un amigo sabio no es el que siempre nos concede la razón y actúa como cómplice para cubrir nuestras espaldas cuando hayamos actuado indebidamente. El amigo sabio es aquel siempre fiel a la verdad, aunque esta sea incómoda, y nos abre los ojos cuando estamos cegados por la pasión.
Un pueblo sabio es el que busca su refugio en el Señor y que actúa con prudencia a la hora de elegir a quienes van a dirigir los destinos de la nación, pero se vuelve insensato cuando no aprende la lección de su historia y vuelve a cometer los mismos errores.
Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?
Mañana es un día muy especial para los nicaragüense. Al igual que las vírgenes prudentes pidamos a Dios ser iluminados con la luz de la sabiduría para elegir a las autoridades que gobernarán el país por los próximos cinco años, sabiendo que quien actúe de manera imprudente al elegir candidatos hará sufrir al pueblo las consecuencias de su insensatez. Dios bendiga a Nicaragua. El autor es director de Cáritas de Nicaragua
Mañana es un día muy especial para los nicaragüense. Al igual que las vírgenes prudentes pidamos a Dios ser iluminados con la luz de la sabiduría para elegir a las autoridades que gobernarán el país por los próximos cinco años
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