Por Octavio Enríquez
Día 14. Es septiembre e Israel Lewites, moreno, camiseta café, es uno de seis jóvenes que se colocan frente a la tarima donde el presidente Daniel Ortega preside el acto de las fiestas patrias con su camisa blanca impoluta.
Tambores y música de viento, la alegría que contagia. Jóvenes, de uniforme azul y blanco, desfilan ante los ojos de Ortega, la primera dama Rosario Murillo, el cardenal Miguel Obando y la televisión oficialista, la cuarta pata de esta mesa del poder en Nicaragua.
A varios metros de distancia, Lewites y sus amigos llevan una manta escondida en una mochila. Cuando se descubra el secreto, les costará caro. Patadas cuando menos.
“Johnny Walker no peleó en San Jacinto”, dice la manta, una calculada burla al sistema, a la ignorancia de algunos estudiantes que desconocen la historia de las fiestas patrias del país.
“Más educación, menos corrupción”, invita la manta pensando en la vida fastuosa que se da el presidente de facto del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, aliado de Ortega y quien cuenta los votos en las elecciones que se harán el 6 de noviembre, marcadas como se verá por las arbitrariedades.
La guardia personal de Ortega, bautizada como “los camisas azules” por el color del atuendo, se molesta por semejante desconsideración con el jefe, él que tantos esfuerzos hace para educar al país, que ha sacado a miles del analfabetismo.
Al ver a los manifestantes, las banderas de Nicaragua, frente a la tarima, empiezan a ondear más alto haciendo un muro para que no quede exhibida la inconformidad de los rebeldes. Desde el ángulo de estos, se divisa el rostro del cardenal, todo queda grabado en vídeo, un perfecto testimonio.
Ahí se escuchan los reclamos de Lewites que en un inicio intenta hacerse oír frente a la música de las bandas, mientras pide que se asigne dinero para educar a la población. De pronto, casi tres minutos después que sacaron la manta, los camisas azules se lanzan sobre él. A Lewites son seis quienes lo apabullan, lo tiran al suelo. Golpean también a Moisés Castillo y Leonor Zúñiga, miembros de Nicaragua 2.0, un grupo de jóvenes que no están de acuerdo con la corrupción.
La exposición inicial fue de 25 minutos a cargo de Núñez de Escorcia y Mauro Ampié, por el Cenidh, y por el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), Alejandra Núñez y Marcia Aguiluz, quienes acompañaron a los nicaragüenses. Se espera un pronunciamiento del organismo.
Llevaron el testimonio de Ana Margarita Vigil, inhibida por el CSE.
“Hablamos de que el ambiente no es propicio para que se realicen unas elecciones libres y transparentes“, dijo Núñez.
“Ortega ha llegado allí (dice en referencia a la candidatura) producto de comprar voluntades ( …) Definitivamente, no sé si en el fondo de su conciencia, si podemos hablar así, se va sentir feliz o si su felicidad se medirá por las posibilidades que va tener de seguir enriqueciéndose. Ese es el objetivo principal”, sostuvo.
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La tarde del 12 de octubre, cuando todo había sido consumado, Jamileth González Velásquez, se acercó al periodista Moisés Martínez, el enviado por LA PRENSA para cubrir la protesta. “Yo tengo un sobrino desaparecido”, reveló.
Desaparecidos eran quienes huían a las montañas para no ser golpeados por la Policía. Y fueron muchos según el testimonio.
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“Nos preocupa profundamente que Nicaragua es el país que menos invierte en educación en la región, esto implica pobreza durante las próximas décadas, sin embargo tenemos funcionarios del Gobierno que viajan en avión privado, como es el caso de Roberto Rivas, como ciudadanos sentimos de que es necesario hacer reclamos a este respecto”, explica ahora Lewites sobre aquel episodio.
“Los que decidimos hacer esta acción lo hicimos con una convicción prácticamente de saber que estábamos arriesgando nuestras vidas, pero sentíamos que cualquier agresión que nosotros sufriéramos, que pudiera aún terminar en pérdidas de nuestras vidas, porque te juro que fue algo que nos pasó por la cabeza dado el nivel de agresividad de los partidarios del Gobierno”, dice y recuerda que, mientras era mancillado, logró ver a la primera dama subiendo y bajando de la tarima, distinta a la mujer fría que acompaña a Ortega en todos los actos.
EL CAMINO DEL FRAUDE
Vilma Núñez de Escorcia es la activista de derechos humanos más reconocida en el país. Preside el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh). La semana pasada, una agencia internacional informó que había asistido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para contarle las arbitrariedades de la administración de Ortega dentro del contexto de la reelección.
“Este proceso electoral que estamos viviendo en este momento ha sido el más traumático y más violatorio de la institucionalidad que hay en el país. Todo empieza con la forma cómo se reelige Daniel Ortega (y hace énfasis en la instrumentalización del poder judicial). Somoza se reelegía reformando la Constitución y se reelegía de otra forma, respetando aparentemente una institucionalidad. Éste no”, compara esta mujer mientras carga un informe.
Ese documento reporta los hechos de violencia que se han suscitado en este proceso de reelección. Son más de sesenta víctimas, entre las que se cuentan algunos promotores de Derechos Humanos del Cenidh.
Hay en esa lista una descripción perfecta de lo que pasa en estos días. Desde los campesinos víctimas de la represión policial, hasta los agresivos miembros de la Juventud Sandinista que pegan un puñetazo al que reclama con policías como mudos e impasibles testigos.
SIN LEGITIMIDAD EN ABSOLUTO
“Este es el proceso electoral más ilegítimo. La reelección de Daniel Ortega, que ya es ilegal, va ser ilegítima independientemente de lo que pase. Se ha como pavimentado el camino paso a paso, el fraude no se construye en el conteo de los votos, cambiando resultados. ¡No, no! Se ha venido como armando el camino por donde se ha conducido el resultado alejado de la voluntad popular”, añade.
“En la Comisión hablamos del reclamo más emblemático en estas elecciones, el de las cédulas. Todas las acciones de violencia y explicamos y nos quedamos cortos diciendo que hubo 30 lesionados —ve el informe, cuenta 62 víctimas de la violencia y aclara— …unos son golpeados por morterazos, por piedras, palos, garrotes, lesiones con armas contundentes y otros golpeados con armas de bala donde se ha visto involucrada la Policía, hicimos ver el daño tremendo y cómo ha contribuido a esta violencia la decisión de Daniel Ortega de prorrogarle el período a la comisionada Aminta Granera, porque resulta de que ya se ha visto un cambio en la Policía. La Policía no se convirtió en una espectadora ‘dejad hacer dejad pasar’ de lo que hacían las fuerzas de choque, sino que ahora se involucró y ha pasado a ser actora”.
Israel Lewites dice que en el caso de Nicaragua 2.0 no han sido víctimas de esta Policía arrodillada al poder. “Algo que me gustaría como hacer hincapié, es que nosotros nunca hemos sido agredidos por la Policía. Nosotros como grupos lo que hemos sí visto es la pasividad ante agresiones de individuos partidarios del Gobierno (…) en este caso, este cuerpo de camisas azules, no sé qué sean, si serán policías o guardaespaldas, me agredieron frente a policías y ellos no hicieron absolutamente nada para evitarlo”, dice.
“Creo que en Managua (la Policía) ha tendido a ser así (pasiva), allá en los departamentos ejecuta las acciones de represión a los grupos de protesta. El Gobierno tiene la intención de intimidar y disuadir cualquier acto de reclamo porque todo el aparato está empeñado en crear una percepción de la realidad, de que todo está magnífico”, agrega el muchacho sobre este ambiente descrito por el Cenidh como un proceso irregular y caótico.
RECLAMO DE CAMPESINOS
Según el informe del Cenidh, el 10 de octubre pasado, José Leonel Ortez, de 22 años, estaba entre un grupo de pobladores que se tomaron el Consejo Electoral Departamental (CED) en Ciudad Antigua, “cuando fueron desalojados por la Policía Nacional, resultando herido de bala”.
“Ahorita está bastante recuperado. Yo recuerdo que después de haber hecho la toma en Ciudad Antigua, nos dejaron venir una cantidad de antimotines, que supuestamente iban a dialogar con nosotros y la verdad es que el comisionado traía la orden de Aminta Granera de desalojarnos. Actuaron, disparando con fusiles AK y todo eso. Así salió herido mi chavalo”, dice Reynaldo Ortez, caficultor en la zona.
Mientras las protestas se extienden a otras partes del norte del país, el Gobierno jura que todo está tranquilo.
El pasado 26 de octubre, el mandatario le dijo en una reunión a inversionistas italianos y españoles lo siguiente: “Ustedes están aquí en Nicaragua, cuando estamos por realizar elecciones, estamos a pocos días de las elecciones. Y como podrán notar, el ambiente electoral no es un ambiente electoral agresivo, ni violento, a como se podría pensar cuando se leen los cables que se originan aquí en Nicaragua. Porque desgraciadamente así pasa… los medios de comunicación tienen su enfoque de los problemas, los sobredimensionan y luego los recogen las agencias internacionales”, aseveró Ortega.



