Recientemente algunos radicales en Argentina propusieron declarar “crimen contra la humanidad” a la ejecución extrajudicial del “Che” Guevara.
Sin elogiar tal hecho (“ajusticiamiento” le llaman cuando lo hacen los “revolucionarios”), vale recordar algunas hazañas de ese “idolizado” personaje.
En enero de 1981, durante un seminario efectuado en Managua, financiado por la Fundación Friedrich Ehbert, conocí a Rafael Somarriba, entonces embajador de Nicaragua en El Salvador.
Durante nuestra corta estadía en una de las varias casas de residencial Planetarium, confiscadas y convertidas en casas de protocolo del Ministerio del Exterior, don Rafael me contó que él fue ayudante del comandante Ernesto Guevara durante la estadía de este en la célebre prisión La Cabaña.
Don Rafael me dijo que una mañana le llevó a Guevara seis expedientes de prisioneros de guerra, juzgados por un tribunal revolucionario.
Interrogatorios y fusilamientos eran efectuados de noche y de madrugada para “quebrar al espíritu contrarrevolucionario”, según palabras escritas por el propio Guevara, quien decidía en La Cabaña, como gran señor, la aplicación o modificación de las sentencias. (El conocido Escritor Armando Valladares, recluido 20 años en esa y otras mazmorras castristas, describió los horrores de las mismas).
“Comandante —expresó don Rafael— me dijeron que le explicara que los tres expedientes de arriba corresponden a reos absueltos. Los tres últimos corresponden a culpables”. Guevara ordenó a Somarriba regresar a las 8:00 p.m. Así lo hizo este, y sufrió una sorpresa: los expedientes permanecían en su mismo lugar, sobre un escritorio, sin tocarse.
Don Rafael me contó que seguramente su rostro delató asombro: era imposible leer en un rato todos esos folios antes de la ejecución de cualquier sentencia. El “Che” notó su reacción, se tocó la camisa en busca de un lapicero, luego extendió la mano y le dijo a su ayudante que le prestara el suyo. Guevara, “el revolucionario lleno de amor”, ordenó la ejecución de todos y le dijo: “Somarriba: usted se sorprende como un ingenuo. Yo condeno a los tres de abajo porque son culpables y a los tres de arriba porque al haber sido enjuiciados ya adversan a la revolución y esta no debe permitir que sus enemigos vivan”. Me dijo don Rafael (de familia leonesa, hombre de impecable trayectoria democrática) que cambió profundamente varias facetas de su percepción sobre su comandante.
Que Guevara tenía una inclinación patológica por la violencia y la sangre lo admitió él mismo tanto en sus cartas como en El Hombre Nuevo , mayormente una regurgitación de ideas elementales de Marx y Lenin.
La primera ejecución efectuada personalmente por Guevara fue la del campesino guerrillero Eutimio Rivera, acusado de ser infiltrado durante la lucha contra Batista. Castro ordenó la ejecución a su guardaespaldas Universo Sánchez, pero el “Che” se ofreció para practicarla él mismo.
Es difícil, hasta hoy, conocer el número de ejecuciones efectuadas u ordenadas por Guevara. José Vilasuso, exfiscal en Cuba, dice que Guevara ordenó 400 ejecuciones durante sus primeros tres meses en La Cabaña.
El sacerdote español Iñaki de Aspiazu, que administró últimos ritos a muchos condenados, las estima en 700. Otros dicen que fueron 1892.
Ante estas realidades vale preguntar:
¿Es que Guevara pertenece a la aristocracia de los verdugos santificados?
¿No cuentan sus crímenes, ni las víctimas de sus masivos actos de lesa humanidad? El autor es catedrático universitario
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