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Es a partir de los 4 o 5 años cuando los niños son conscientes de que papá y mamá tienen problemas y cuando sufren el divorcio.
La primera reacción de los hijos es el desconcierto por una situación que saben que existe, pero que no entienden. Poco después, los pequeños suelen negarse a admitir lo que ya es un hecho: insisten en la reconciliación de los padres o protestan cada día porque no pueden ven al progenitor que se ha ido de casa. Evite que presencie discusiones. Es necesario excluirlo de la tensión que se genera por esta causa; eso no quiere decir que no sepa que existen graves
diferencias. Trate que la separación sea amigable.
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