José Rodolfo Paizano

Amor a Dios y al prójimo

Queridos hermanos, hoy la palabra de Dios nos pone ante nuestra reflexión una pregunta fundamental en la vida del hombre. ¿Qué debo de hacer? Este es el sentido de la pregunta del fariseo que le hace a Jesús sobre el mandamiento principal. Si nos acercamos al texto haciendo una lectura meditativa descubrimos que en la pregunta de este hombre hay una mala intención de fondo. Es más, pareciese que es la intención del grupo, dado a que antes de la pregunta, un grupo de fariseo se reúne y de allí sale un enviado para poner a prueba a Jesús.

Pero ¿qué es lo que esperaba este hombre como respuesta? Usemos un poco la imaginación, a lo mejor este hombre esperaba que Jesús le contestara de una forma equivocada o porque no decir, que Jesús ignorara algún tema importante sobre la Ley.

No perdamos de vista que la pregunta está apuntando hacia una jerarquía de los mandamientos, apunta hacia aquel de quien derivan los otros mandamientos.

La respuesta del divino maestro no se hace esperar y avoca al hombre a una respuesta de amor. La palabra amor hace referencia a elementos antropológicos tales como el corazón, que tiene que ver con la parte volitiva del hombre, es decir, con las decisiones y el querer; el alma, que desde la perspectiva de la antropología bíblica se refiere a la fuerza vital; la mente que es donde el hombre es capaz de hacerse con las cosas, es decir, de representarse el mundo.

El hombre ha de centrar toda su fuerza en la capacidad de amar, pero este amor ha de ser de manera vertical, que apunte hacia Dios y de manera horizontal, el hombre. El hombre de Dios, el discípulo de Jesús ha de ser un apóstol del amor. Por eso, reconoce el valor de la afectividad, pero también no ha de ignorar sus consecuencias, sus riesgos: “No abandones al viejo amigo” (Eclo 9, 10). El amor es indefinible, solo podemos decir, que es una fuerza que centra toda la actitud y toda la actividad de la persona hacia el ser amado. Amor implica comunión, unidad, totalidad y entrega. Es la orientación del propio ser al otro ser, el ser que es amado.

Mañana celebramos el domingo de las misiones, y el papa nos recuerda el envío que Jesús hizo a sus discípulos, nos dice que “la liturgia es siempre una llamada “del mundo” y un nuevo envío “al mundo”. Sintamos la urgencia de anunciarles a los hombres la fuerza del evangelio, el amor de Dios para con el hombre; seamos emisarios de este amor, ante una humanidad herida por el odio, la venganza y la desunión.

Queridos hermanos, ante una actividad cívica que se nos acerca, que sea una fiesta de todos, una fiesta donde la democracia sea la invitada, pero sobre todo que reine el amor a Dios y al prójimo. Que esta celebración cívica no nos deje divididos, en los hogares, barrios, comunidades, recuerda todo pasa solo Dios permanece. Hoy soy invitado a amar al otro, como a mí mismo, es decir, aceptar al prójimo en su singularidad, a reconocerlo en su existencia como un “otro” amado, salvado y creado por Dios. El autor es Rector del Seminario Arquidiocesano La Purísima

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