Por Salarrué
Puesiesque en la carpita del circo quera como el ternero de la carpona tenían a los animales bravos y Colino con Pichilente pagaron tiquete de diez cenzontes por ir a ver y al entrar miraron un mico enjaulado con una carecipote de ojitos pelados y con paperas y dijeron: “¡mirémolo!” y sestuvieron viéndolo y el mico viéndolos a eyos sin decir nada, y entonce le dijo Pichilente a Colino: “Acercátele no le tengás vergüenza”, y entonce le dijo Colino: “¡No me rempujés que si me escupe te vuá fregar!” Y el mico dijo “¡Quike!”, y se rascó la nalga pelona.
Entonce le puyaron el lomo y se fueron a un cajón con culebras pero no había con que puyarlas. Entonce fueron onde un montón de tanates quera un ilefante color plomo con ojitos a los lados y las patas hinchadas de tanto aguantar el peso.
Los tigres estaban dando güeltas con tamaños dientes y un oso desnudo sestaba volando una boteya de fresco. “Mirá”, le dijo Pichilente, “aquel cameyo con un gran machetazo nelomo “¡No sias bruto!’, le dijo Colino, “¿No ves ques la montura que le ponen para caminar?” A1 rato de diandar mirando la chorizada e micos y unos chuchos ladradores le dijo Pichilente-; “¡Amonós, Colino, mucha tufazón a pelos!” “¡Perate!”, le dijo Colino, “vamos a ver aquel cabayo vestido de payaso.” “¡No siás bruto!”, le dijo Pichilente, “¿No ves qués una zebra de pura lona para hamacas?” Y se salieron riendo y siacabuche.
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