Por Donaldo Zúñiga Enamorado
El 15 de octubre se celebró el Día Internacional de la Mujer Rural, declarado por las Naciones Unidas desde 2007 para abrir espacios de incidencia que permitan a las mujeres rurales demandar y hacer uso de sus derechos, así también hacer visible ante la sociedad los aportes que hacen en diferentes espacios de la vida política, social, cultural y económica.
La falta de reconocimiento del aporte económico de las mujeres rurales ha provocado que sean excluidas de una serie de acciones que promueven el desarrollo económico de las comunidades, tales como el acceso a capacitación y asistencia técnica productiva y empresarial, el acceso a medios de producción duraderos (tierra, equipos y maquinaria, infraestructura productiva y comercial), así como el acceso a financiamiento; sin embargo es ampliamente reconocida en diferentes estudios, la contribución que hacen las mujeres a la economía familiar, comunitaria y nacional.
Según un artículo de la Organización Panamericana de la Salud, el reconocer este aporte tanto en lo productivo como en lo reproductivo, se traduciría en el incremento de la producción y seguridad alimentaria nacional. La experiencia lo ha demostrado.
En el caso de las mujeres organizadas de Santa María de Pantasma, ellas están impulsando procesos organizativos y productivos en las organizaciones de base, en donde se evidencian expresiones de economía solidaria, el intercambio de mano de obra entre las mujeres y de semillas intercambios, así también construyen y recrean sus conocimientos a través de los intercambios de experiencias entre personas, comunidades y organizaciones; también se promueven el uso de la medicina natural, fomentan la colectividad y cooperación mediante la comercialización conjunta.
Estas mujeres además de su rol reproductivo, han incursionado de manera eficaz y eficiente en actividades productivas, contribuyendo así a la economía familiar, comunitaria y nacional. En algunas comunidades las mujeres, crían ganado mayor (vacas) y menor (gallinas, pollos, cerdos, cabras y ovejas). Las mujeres que se dedican a la comercialización de granos, estimulan la producción local en la medida que ofrecen mejores precios a las y los productores locales.
Las mujeres de Pantasma contribuyen a la seguridad y soberanía alimentaria, la mayoría de los productos producidos, una parte se destina al consumo local y el excedente de producción se comercializa en los mercados locales, en supermercados y en mercados municipales.
Todos estos procesos han contribuido a una mayor valoración de las mujeres, se han fortalecido sus capacidades de liderazgo y de toma decisiones, así como de acceso y control de sus recursos productivos, incidiendo positivamente en su autoestima, su autonomía y por ende en el mejoramiento de su condición y posición.
El acceso a la tierra para las mujeres rurales es también un elemento trascendental que también repercute en el mejoramiento de sus vidas y seguridad alimentaria. La ley 717 se garantiza este derecho a través de la asignación del uno por ciento del presupuesto nacional, para la compra de tierra a mujeres rurales pobres. Sin embargo, esta asignación aún no se ha aprobado por los diputados y diputadas de la Asamblea Nacional, pero este es el reto de todo de todas las mujeres rurales organizadas del país. El autor es Asesor de Economía Solidaria. Action Aid.
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