La conocida frase de nuestro insigne poeta, Rubén Darío: “Juventud divino tesoro”, con la sabiduría que Dios le dio, él al reconocerlo, supo apreciar su valor, sabiéndolo aprovechar en buena parte de su vida; y así, pudo descubrir que si se sabe utilizar, no hay riqueza superior por grande que esta sea; y que Dios nuestro Creador en su magnanimidad infinita, con la vida, normalmente da a los humanos en mayor o menor cuantía.
A los que reconociendo el valor de tan imponderable tesoro hacen el debido uso del mismo, encauzado en la línea de la misericordia divina, que es el bien, como el vino añejo, se alcanza mejor sabor y más valor; así, quién vive con dignidad, conforme a los auténticos principios cristianos, morales y cívicos, si se sabe catalogar el valor que conlleva dicho tesoro, que no caduca ni envejece, su espíritu perdura aún más allá del tiempo biológico.
Así, mediante la inteligencia, que es uno de los tres dones divinos, que con el privilegio de Su semejanza a sus criaturas predilectas de toda la creación, por su amor infinito también a todos sabe dar; el ser humano, desde que tiene uso de razón, con su raciocinio, utilizando los conocimientos descubiertos o adquiridos, en el transcurso del tiempo a través de múltiples experiencias; con el natural estudio analítico, ha venido avanzando, aprendiendo y enseñando.
Aunque sea repetitivo, así por medio del estudio y los diversos medios de comunicación que de antaño se han venido proliferando, los que aprovechándolos debidamente, dicha riqueza acumulada que subsiste de las anteriores generaciones, habiéndose acortado las distancias de manera sorprendente, al ser obtenidas globalmente, día a día por la ciencia y la tecnología, progresivamente se han venido logrando prodigiosos avances, conforme las circunstancias.
Por lo que es de suma importancia saber sacarle el mayor provecho a tan invaluable tesoro, el que si se invierte en actividades lucrativas, como por medio de una buena, en todo sentido, administración gubernamental, dándole prioridad a la enseñanza, sería de hecho la mejor y más necesaria inversión. De manera especial para la sufrida Nicaragua, que siendo en potencia uno de los países americanos más ricos, ahora es el segundo más pobre.
Puede decirse que la educación, por ególatras intereses políticos degenerados en politiquería, es lo que más se ha venido descuidando. Mis coterráneos y contemporáneos, deben recordar, que en y desde la Primaria, la asignatura de Moral y Cívica, era una de las de mayor relieve; y aunque quizá por falta de vías de comunicación, no se llevaba a los alumnos a San Jacinto, a todos se les inculcaba civismo y el respeto a la bandera nacional y los signos patrios.
Lo más grave sí, es que en la actualidad la mayoría adolece de falta de civismo; y es deprimente que la juventud, que es más del 60 por ciento va con un futuro incierto y en muy pocos brilla la esperanza. Pero gracias a Dios, dicho brillo aún está latente y sus tenues destellos podrían orientar al gran porcentaje de jóvenes y mediante dicha luz puedan descubrir el innato tesoro que llevan consigo, y aprovechándolo, contribuir meritoria y dignamente a la construcción de la patria grande y soñada. El autor es miembro de ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A