Quienes creían que los obispos se iban a atemorizar por el asesinato del padre Marlon Pupiro, así como por las amenazas y difamaciones verbales y escritas de las fuerzas oscuras contra los clérigos dignos de Nicaragua, estaban completamente equivocados.
Así lo han demostrado con su propia actitud todos los obispos y sacerdotes católicos dignos del país, desde que ocurrió el abominable asesinato del padre Pupiro. Y lo ha reafirmado ahora la Conferencia Episcopal de Nicaragua, con su mensaje sobre el enmarañado proceso electoral que está en curso y las cruciales votaciones que se van a realizar el primer domingo de noviembre próximo.
“Exhortamos a todos los nicaragüenses en edad constitucional de votar, a no renunciar bajo ningún punto de vista a ejercer su derecho ciudadano al voto, para fortalecer la democracia y ser responsables de nuestro futuro como nación”, advierten los obispos en su mensaje del viernes 7 de octubre corriente, el cual es oportuno y necesario para que el pueblo nicaragüense no se desanime por las trampas que han puesto a la transparencia electoral ni se refugie en el abstencionismo que solo beneficia a los enemigos de la democracia.
El pueblo nicaragüense no debe permitir que le arrebaten su gran conquista de las elecciones libres y justas, ni que sean vaciadas de contenido democrático y convertidas en farsa electoral como las que se practicaban durante la dictadura dinástica somocista y la que en 1984 montó la primera dictadura sandinista.
Los obispos de Nicaragua, cuya valentía y compromiso con los intereses del pueblo y con los principios de la libertad y la democracia son proverbiales, han advertido en su mensaje sobre la vulnerabilidad del sistema político del país y la fragilidad de la democracia. Pero precisamente por eso llaman a todos los ciudadanos nicaragüenses a que no tengan miedo y vayan el próximo 6 de noviembre a votar con serenidad e inteligencia, en el marco cívico del respeto a las ideologías de los demás.
Los obispos señalan la falta de suficiente observación electoral nacional e internacional independiente y confiable. Pero esto no debe desanimar a los ciudadanos y mucho menos inducirlos a la abstención, pues, al fin y al cabo, el mejor observador en estas elecciones habrá de ser el mismo votante. En realidad, no hay mejor antídoto contra el veneno del fraude electoral, del autoritarismo gubernamental y de la pretensión de imponer en el país una nueva dictadura, que la voluntad de los ciudadanos y la actitud consciente del pueblo. Si la gente, con fe en sus creencias y valores, con confianza en sus propias fuerzas y en el futuro y con una firme determinación política va a votar, a vigilar las votaciones y a defender su voto sagrado, no habrá fuerza fraudulenta, arbitraria, amenazante y corrupta que se le pueda imponer.
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