Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta…?

Para este domingo el evangelio nos invita a reflexionar con la parábola del banquete que ha preparado el Rey para la boda de su Hijo.

Los invitados primero, los judíos, no quisieron asistir poniendo excusas varias, San Lucas añade que uno había comprado una tierra, otros una yunta de bueyes y otro se acababa de casar, la realidad era que los invitados no aceptaban al Rey y por tanto tampoco su invitación, ante este rechazo el Rey decide invitar a todos los que encuentren en los cruces de los caminos, la casa se llenó de los nuevos invitados, pero el Rey repara en uno que no llevaba traje de fiesta y lo expulsa del banquete.

El banquete es uno de los acontecimientos que mejor expresa lo que hay de bueno y de festivo, tanto en la relación con Dios como con los hombres. Es alimento y nutrición, pero también es signo de comunión, de compartir entre los invitados y con el que invita, en este caso el que invita es Dios. Este lenguaje de comer con otros y beber con otros es uno de los que más se entienden en las relaciones humanas, depende mucho de la calidad de los alimentos y del vino que se sirven, pero sobre todo depende del ambiente y de la comunicación que hay entre los comensales, las fiestas familiares, las bodas, los bautizos, los encuentros entre amigos, etc., son propicios para celebrar, seguramente más de una ocasión hemos participado de estas fiestas y nos ha gustado que nos inviten y hemos disfrutado con los invitados.

Es sorprendente el final de la parábola, uno de los invitados no está vestido de fiesta, es de suponer que no se les pediría traje de ceremonia, como se acostumbra en las ocasiones más solemnes de la vida social, porque aquellos fueron invitados gratuitamente y a toda prisa, pero el ser invitados al banquete festivo de las bodas del Hijo del Rey supone una coherencia con ese honor, ya que no todos los que pertenecen al pueblo de Israel son dignos de ese honor, no por el hecho de pertenecer a un grupo o comunidad nos deberíamos sentir seguros de la salvación.

En la Iglesia, la nueva comunidad de Cristo, hay buenos y malos, gente de toda raza y condición, trigo y cizaña, peces buenos y malos, aunque la salvación es universal, Jesús exige que todos los invitados “vistan de fiesta”, que haya coherencia entre lo que creemos y nuestra vida, entre la fiesta a la que somos invitados en la Iglesia de Cristo y el estilo de vida que esto supone, es una enseñanza que Jesús repite a menudo: no todo el que me diga Señor, Señor entrará en el reino de los cielos sino el que haga la voluntad de mi Padre. Mt 7, 21.

Para la salvación efectiva no basta con la iniciativa divina o invitación de Dios, es necesaria la actitud de correspondencia del propio elegido o llamado, ya que Dios no impone la salvación y nosotros tenemos que esforzarnos día a día por dejarnos transformar por el Señor.

Dios nos asegura su cercanía y su ayuda: la última promesa de Jesús fue “yo estaré con vosotros todos los días”. El autor es sacerdote y director de cáritas de Nicaragua.

En la Iglesia, la nueva comunidad de Cristo, hay buenos y malos, gente de toda raza y condición, trigo y cizaña, peces buenos y malos, aunque la salvación es universal, Jesús exige que todos los invitados “vistan de fiesta”, que haya coherencia entre lo que creemos y nuestra vida.

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